Muchos son, y me incluyo, los que han hecho cosas sin mala intención y han sido juzgados. En esta vida no podemos dárnoslas de que nos las sabemos todas, y de creer que siempre se hará lo que uno diga, ya que hay momentos en los que se nos van las luces y cometemos errores sin pensar en las consecuencias de ello, creyendo que no traerán ninguna consecuencia.
Sucede cuando nos dejamos llevar por el afán, cuando no pensamos antes de actuar, y no nos ponemos a pensar las cosas positivas y negativas del proceder; sin tener la más mínima intención de maldad en nuestro corazón.
A diario pecamos, pero algunos pecados los hacemos intencionadamente y otros actuamos sin saber que lo que estamos haciendo está mal. Por eso es importante estudiar muchísimo la palabra de Dios, pues es la que siempre nos orientará a hacer lo correcto y a no omitir ningún mandamiento ordenado por Dios.
Aparte de eso, es muy importante tener la guía del Espíritu Santo pidiéndole discernimiento (capacidad de distinguir entre lo bueno y lo malo), y así, al sentirnos guiados por el camino correcto sentiremos paz en nuestro corazón, como también notaremos que todas las cosas suceden sin problema alguno o sin inconvenientes. Hay que ser muy cuidadosos y precavidos.



