miércoles, 30 de marzo de 2016

Nuestro principal ministerio

“Al vernos enfrentados al dolor, un poco de valentía ayuda más que mucho conocimiento; un poco de comprensión, más que mucha valentía; y el más leve indicio del amor de Dios, más que todo lo demás.” (C.S. Lewis)
Sé lo que es sufrir discriminación, rechazo, provocación, burla o maltrato verbal. Sé lo que es ser calificado por gente a la que no le ha sido dada autoridad de calificarme, pero que se toma la atribución de descalificarme. Gente que con su evidente y nada disimulada animosidad hacia mí, no solo desaprueba lo que hago o digo, sino que también cree tener autoridad para desaprobar lo que no hago ni digo; pero que no ha sido aprobada para desaprobarme. ¿Has pasado por algo así? Si es así, ¡bienvenido al club!

Piensa, ¡hay personitas muy amables a las que es muy bello y fácil amar y bendecir! Pero en cambio, hay otras que… ¡Ay, Señor…! En nuestro entorno hay gente resentida y frustrada, quienes lo tienen todo y a la vez no tienen nada. Quienes hablan de “convivencia”, cuando ellas mismas generan situaciones que hacen muy difícil la convivencia… Personas con heridas en sus almas, con profundas raíces de amargura. 

“Había un hombre que tenía cuatro hijos. Como parte de su educación, él quería que ellos aprendieran a no juzgar a las personas y las cosas tan rápidamente como suele hacerse. Entonces los envió a cada uno, por turnos, a ver un peral que estaba a gran distancia de su casa.
En su país había estaciones, así que el primer hijo fue en invierno; el segundo en primavera; el tercero en verano y el cuarto en otoño. Cuando todos habían ido y regresado, el padre los llamó y les pidió que describieran lo que habían visto.
El primer hijo dijo que el árbol era horrible, giboso y retorcido, parecía seco y sin vida. El segundo dijo que no, que el árbol estaba cubierto de brotes verdes y lleno de retoños que prometían flores. El tercer hijo no estuvo de acuerdo: dijo que estaba cargado de flores, que emanaba un aroma muy dulce y se veía hermoso; era el árbol más lleno de gracia que jamás había visto. El último de los hijos tampoco estuvo de acuerdo con ninguno de ellos. Dijo que el árbol estaba cargado de peras maduras, lleno de savia y bienestar. Como los pájaros acudían al peral para comer de los frutos que se estaban marchitando, todo a su alrededor se llenaba de un exquisito aroma. 
Entonces, el padre les explicó a sus hijos que todos tenían razón, porque ellos solo habían visto una de las estaciones de la vida del árbol. Y añadió que por eso no se podía juzgar a una persona, por solo ver una de sus temporadas.” 

Por ello, sabiamente el Señor ve mucho más allá de lo que nosotros podemos ver, e incluso ve lo que resulta ser invisible a los ojos, y nos exhorta sabiamente “bendecir a los que os maldicen” (Mateo 5:44; Lucas 6:28; Romanos 12:14).
Ni más ni menos, nuestro principal ministerio. Amor y pasión por las almas.
“Estoy tan lejos de sentir realmente lo que digo, que no me queda más que ansiarlo
fervientemente y clamar por misericordia.” (Walter Hilton)

La perfecta dirección

“…Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne…” Gálatas 5:16 
Toda maquinaria inventada por el hombre está gobernada bajo la dirección de un eje, o timón; los grandes navíos son guiados por un pequeño timón, los coches, bicicletas, todos son guiados por algo.
Y ahora ¿qué está guiando tu vida? Si tus deseos te guían a las cualidades mencionadas en Gálatas 5:22-23, los frutos del espíritu, entonces puedes decir que el Espíritu Santo te está guiando. Pero si tus deseos están siendo guiados por tu carne, entonces puedes decir que es Satanás quien te guía.
Así como cualquier invento que hace su inventor, así Dios guía a los que son suyos, los que se dejan guiar por Él. Es aquí donde empieza todo, dejarse guiar por Dios, entregarse en sus manos para que Él te dirija. “Señor Jesús, yo traspaso toda mi vida a ti para que hagas con ella lo que Tú quieras.”
Entregarse en manos del Señor es lo más maravilloso. A veces pensamos que si entregamos nuestra vida a Él vamos a tener que dejar todo lo que estamos haciendo, o pensamos que Él nos va a quitar todo. Pero la verdad es que Él nos quitará solo todo estorbo que se interponga en nuestro camino, todo lo que Él vea que no es útil para nuestra vida lo quitará. Aquí es donde está el problema, porque no queremos abandonar las cosas pasadas todavía, las queremos tener guardadas para ver si las podemos usar más adelante, para luego darnos cuenta que estábamos totalmente perdidos.

Un calendario interreligioso

El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. Hechos 17:24-25
La alcaldía de una ciudad francesa edita cada año un calendario interreligioso, con el loable objetivo de desarrollar la cohesión social. En él están señalados los días festivos de las diferentes religiones. Esta iniciativa está enfocada hacia la tolerancia y la aceptación del otro, actitudes tan necesarias para la convivencia en una gran ciudad. Sin embargo, las diferencias fundamentales que existen entre las religiones subsisten. Muchos se preguntan justamente quién tiene razón. Otros deciden no investigar cuál es la verdad y tratan de convencerse de que basta con ser sincero.
Pero, ¿podemos encerrar al Dios que hizo el cielo y la tierra en una corriente religiosa elaborada por los hombres? ¡No! No se trata de abrazar tal o cual religión según el gusto, la cultura o la educación que se tenga, sino de ponerse en contacto con el Dios de los cielos. Este contacto es posible porque Dios se acercó al hombre; como éste no podía ascender hasta Dios, Dios descendió a la tierra para tener un encuentro con el hombre. Dios se encarnó en la persona de Jesucristo, y de este modo se puso al nivel de aquellos a quienes quería darse a conocer. Jesús no es un jefe religioso, sino el mensajero del Dios de los cielos. ¡Es el único punto de encuentro entre Dios y los hombres! En ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).
¿Tiene usted una religión o un Salvador?

El amor

Qué reconfortante resulta sentirnos amados por alguien o por algunos. Eso nos da la seguridad que, al mismo tiempo, nos produce una sensación de equilibrio emocional, y ésta nos da aliento para vivir de una manera exitosa en nuestro tránsito por esta tierra. Lo cierto y doloroso en estos casos, es que a nuestro alrededor existe un sin fin de personas, que por muchas razones debieran amarnos, pero de los cuales nunca recibimos esas muestras de amor, aunque reconocen que éste es un elixir maravilloso que todo humano necesita.
Vivimos alarmados por lo que está aconteciendo en el mundo, y cuya causa principal es el desamor que existe como consecuencia lógica de vivir separados de Dios, pero aunque esto nos duele, no nos sorprende que suceda, por cuanto es consecuencia natural del pecado, que además se encuentra recogido en las páginas de la biblia cuando nos dice: por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Mateo 24;12 ¿Existe esa maldad en la Iglesia?
Si no es así, como es natural y digno de enseñanza, las personas que comparten la vida cristiana con nosotros, ya sea en el ministerio o como simples miembros del cuerpo de Cristo, ¿por qué hablan tanto del amor de Dios, pero no lo muestran? Yo no puedo responder por como piensen o sientan otros, pero disfruto en que me muestren amor, aunque nunca me den una disertación sobre él. No hacerlo sería negar el poder transformador de las escrituras, cuando expresan que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. Dios nos ama aun sin merecerlo.