¡Hablemos del amor ciego! Cuando Pedro y yo nos casamos estaba tan enamorada que no me encontraba en mis cabales. Pedro afirmó cuando le preguntaron, que nos habíamos casado conscientes de los importantes ajustes que debíamos hacer y de las crisis financieras que íbamos a afrontar, esa era su opinión.
“Entiendo muy bien cómo María, la reina de Escocia, se debió haber sentido cuando dijo de James Bothwell, su tercer marido: ”Yo le seguiría hasta el fin del mundo en enaguas”, pues eso mismo sentía yo por Pedro…
Si lo hubiera sugerido, hubiera seguido a Pedro hasta el fin del mundo sin pestañear. Era mi vida. Para mí era perfecto, y esto fue precisamente el inicio de nuestros problemas, porque cualquier persona enaltecida sobremanera sólo puede ir en una dirección: "hacia abajo “.
Silvia y Pedro lucharon con sus diferencias para crear un fuerte y duradero matrimonio, pero el principio de su verdadero éxito como pareja vino, cuando cada uno reconoció esta verdad fundamental: NADIE ES PERFECTO.