“…JUNTAN CHISMES Y… LOS DIVULGAN A LOS CUATRO VIENTOS” (Salmo 41:6 NTV)
Un hombre se acercó a Sócrates para contarle un chisme. El filósofo le preguntó: "Primero, ¿estás seguro de que es verdad? Segundo, ¿es algo bueno? Tercero, ¿sirve para algo que me lo cuentes?" Cuando el hombre contestó: "Pues a decir verdad, no", Sócrates replicó: "Entonces, si no es verdad ni bueno ni útil, ¿para qué hablar de ello?"
Uno de los retos del ministerio es la confidencialidad; saber hasta qué punto se tiene que ser abierto con la información que se tiene.
Las siguientes preguntas podrían ayudarte en la decisión: ¿Le estás comunicando algo a alguien que puede hacer algo para ayudar o para ofrecerte disciplina y corrección? ¿Estás hablando con alguien sabio para ayudarte a entender un problema, alguien valiente que te ayude? o bien ¿a confrontar a la otra persona o, si fuera el caso, a reconocer tu error? ¿Tienes permiso de divulgar la noticia? ¿Estás revelando un secreto, y si lo haces, es únicamente porque la vida de alguien, incluida la del sujeto en cuestión, corre peligro? ¿Estás dispuesto a desvelar la fuente de la información para que sea verificada? Cuando lo haces, ¿sientes un gran dolor por dentro? ¿Has examinado tu propia vida primero y reconocido que has pecado en áreas similares? ¿Estás orando por la persona? ¿Cómo te sentirías si alguien dijera lo mismo de ti?