No os unáis en yugo desigual con los incrédulos: porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente. 2 Corintios 6:14-16
Tradicionalmente, el texto ha sido utilizado para prohibir y condenar las relaciones amorosas entre creyentes y no creyentes. Aunque este uso es correcto, no debemos dejar de tener en cuenta que el texto es más amplio en su aplicación. Abarca toda clase de relación que no glorifique a Dios y se someta al Señorío de Jesucristo.
Aunque el encabezado de este artículo sugiere la posibilidad de emplear la frase “Yugo Desigual” a relaciones amorosas entre cristianos, realmente esto no es correcto. El texto bíblico es muy claro en precisar que se refiere exclusivamente a relaciones entre creyentes e incrédulos. Por supuesto que esto no invalida la discusión, en una sociedad nominalmente cristiana, sobre quién es creyente y quién no, y a quiénes hoy en día podría aplicarse el calificativo de incrédulo. Pero tal discusión escapa al objetivo del presente artículo.
Todo lo anterior no niega que en una pareja cristiana puedan existir incompatibilidades, que dificulten o hagan casi imposible la viabilidad de una relación matrimonial. A esta clase de obstáculos que pueden presentarse en una pareja podríamos llamarla “yugo desigual” con minúsculas, para diferenciarlos del YUGO DESIGUAL con mayúsculas, a los que se refiere directamente el texto bíblico del cual tomamos la frase.