Nuestro objetivo como Iglesia es llevar a la gente a la fe en Jesús e integrarla en la familia de Dios. Y que nuestro carácter se parezca al de Cristo, glorificando a Dios y sirviendo en toda buena obra.
Comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. Mateo 4:17 Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. Isaías 1:18
En nuestra época se habla mucho de cambios: climáticos, políticos, tecnológicos… Este tipo de cambios son ajenos a nuestra persona, y es fácil hablar de ellos sin que haya grandes consecuencias. Mas al contrario, Dios nos invita a tener un cambio interior. Este cambio se llama arrepentimiento y nos conduce a la vida eterna.
El arrepentimiento no es la penitencia, ni los remordimientos, como tampoco es una mejoría de nuestro comportamiento. Es un cambio radical que se opera en la raíz de lo que somos, y nos lleva a pensar y a actuar de forma completamente diferente. ¡Significa dar la espalda al pecado para volverse a Dios!
Samuel y Sandra se preocuparon cuando nuevamente el tren se detuvo. -No vamos a llegar a tiempo para tomar el otro tren que nos lleve a casa, dijo Sandra. -Así como vamos, tendremos que quedarnos en ese pequeño pueblo minero, y no me agrada mucho la idea porque he sabido que los hombres de allí son algo salvajes, cegados por encontrar oro, expresó con preocupación Samuel.
Ambos creyentes, eran misioneros en un sector lejano de Australia, y no desaprovechaban la oportunidad de dar testimonio del Señor Jesús donde estuvieran. Ya en aquel pequeño pueblo, superando sus temores, y estando en la plaza, optaron por cantar a viva voz, y ambos lo hacían muy bien, “tal como soy, sin más que decir, que a otro yo no puedo ir; y tú me invitas a venir. Bendito Cristo, vengo a ti”, decía una estrofa. Poco a poco, algunas personas se acercaron, interesadas en ver a las personas que cantaban, y también algunas ventanas se abrieron. Sin embargo, un poco más lejos, un muchacho lloraba amargamente; había dejado su hogar para, mediante la búsqueda de oro, hacer que su vida cambiara, se había cansado de la pobreza.
Le había ido muy mal y desesperado, quiso acabar con su vida. Para eso, llevaba un arma de fuego debajo de sus ropas, hasta que escuchó el himno que Samuel y Sandra cantaban en la plaza, “tal como soy, sin más que decir, que a otro yo no puedo ir…”; apartó su atención de lo que iba a hacer, y sus pasos lo condujeron hasta acercarse a la pareja de misioneros, y así fue como la canción de un matrimonio cristiano que amaba al Señor y a los hombres, evitó una tragedia y salvó a un joven necesitado. El retraso del tren no había sido casual, había un alma que salvar.
Velad,
pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del hombre ha de venir. Mateo 25:13
«Tengo hambre», dijo mi hija de 8 años. «Lo siento, le dije, pero no tengo nada para que comas. Juguemos a algo». Habíamos estado esperando más de una hora la llegada de la novia a la iglesia. Se suponía
que la boda sería al mediodía. Mientras me preguntaba cuánto tiempo más habría
que aguardar, intentaba mantener a mi hija ocupada hasta que comenzara la
ceremonia.
Sentí como si estuviéramos viviendo una parábola; sí, aquella.
Nuestra casa está a pocos pasos de la iglesia, pero sabía que si iba a buscar
unas galletas, la novia podría llegar en cualquier momento y yo no podría verla
cuando entrara. Mientras empleaba varias técnicas de distracción con mi hija,
pensé en la parábola sobre las diez vírgenes (Mateo 25:1-13). Cinco llegaron
preparadas con suficiente aceite para mantener encendidas sus lámparas mientras
esperaban al novio, pero otras cinco no. Así como era muy tarde para que yo fuera
hasta nuestra casa, también era tarde para que las jóvenes fueran a comprar más
aceite para sus lámparas.
Jesús contó esta parábola para enfatizar que debemos
estar preparados porque, cuando Él vuelva, rendiremos cuentas de cómo está
nuestro corazón. ¿Estamos esperando preparados?
¿Cómo
esperas el regreso de Jesús? ¿Has dejado algo sin hacer que podrías haber
realizado hoy? Tenemos que
estar preparados para cuando Cristo venga otra vez.