La batalla espiritual no es una lucha de poder a poder entre el bien y el mal como lo presentan las películas. Si bien Satanás es un enemigo real, no batallamos con él directamente, sino que lo reprendemos, porque la Biblia dice que él ya fue derrotado en la cruz. Eso sí, nos induce al mal, pero la batalla espiritual se desarrolla en nuestra mente y los enemigos a vencer son nuestra carne y el mundo.
Todas las costumbres, manías y mañas que adquirimos como forma de vida, pero que en nuestra vida en Cristo no forman parte de ella, son las que afectan a nuestro crecimiento espiritual. Veamos ahora como obtener la victoria en este campo.
Primero DETECTARLO. (Gálatas 5;16) Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne”.
Reconocer el problema. Todo lo que Dios dice en su Palabra acerca de ese problema o área que debemos cambiar. Ejemplo, lea: Levítico 19:16
Reconocer el problema. Todo lo que Dios dice en su Palabra acerca de ese problema o área que debemos cambiar. Ejemplo, lea: Levítico 19:16
Debo comprobar si lo que hago es respaldado por la verdad de Dios. Muchos hábitos y costumbres pecaminosas están tan arraigados en nuestra vida que pensamos que son normales, o que ya nosotros somos así y no hay otra opción. Esposas o esposos que dicen “así me conoció, pues que me aguante”, “o personas que dicen “el que me quiera que me acepte así”, haciendo referencia a que los demás estamos obligados a soportar su mal comportamiento. Sí es cierto que Jesús nos acepta tal como somos, pero su interés es que no sigamos igual.