Todas las opiniones dicen que soy una mujer normal, de edad media, no muy distinta a millones como yo. A lo largo de mi vida he tenido unos cuantos empleos. En realidad no puedo decir que alguna vez perseguí una “carrera”, en nada.
Soy una Asistente Ejecutiva.
Cuando obtuve mi primer empleo y durante los siguientes quince o veinte años, fui llamada “secretaria”. Ya no se llama así, no se usa el término, no es socialmente correcto, y aunque nunca comprendí por qué había que cambiarlo, “ellos” lo hicieron.
Además de trabajar en una oficina, hubo otros empleos que incluyeron el de camarera y una variedad de trabajos menores en fábricas durante los veranos de mis años de escuela secundaria. Siempre, en todos los trabajos, le he dado a mi empleador lo mejor que tenía para ofrecer, permanecí leal, confiable y puntual, y como mínimo trabajé 50 semanas cada año.
Como la recompensa que un ingeniero de la NASA debe sentir al completar una nave espacial que habrá de orbitar, he construido dos hermosas personas que me han dado mucho orgullo y felicidad y que han cumplido mis sueños más allá de mi imaginación. Mientras otras mamás se quejaban de todo el trabajo, dinero y esfuerzo que invertían en criar a sus hijos, yo me deleitaba.
De Mamita a Mamá, y luego a Madre, cada paso del camino ha sido vivificante. Comenzando por el primer paso sin aferrarse a la mesita del café, seguido por los balbuceos de MaMa y PaPa, besos soplados desde la cunita,..... hasta sus compromisos y planeamiento de bodas, todos fueron privilegios por hacer mi trabajo y estar allí, orgullosa a cada paso del camino.
Cada día, no fue solo una colección de 24 horas, supuso otra oportunidad de hacer la diferencia… de enseñar y practicar, también de aprender y crecer junto a ellas.
Al estar sentada ahora en mi escritorio, moviendo papeles de un lado al otro, contestando llamadas telefónicas sin fin y esperando que el reloj marque las 5 p.m. para salir, me detengo un momento y sueño con todos esos preciosos recuerdos que me fascinan y me hace revivirlos día tras día, año tras año; me recuerdan que realicé el trabajo más grande de mi vida… el empleo de ser una Mamá.
Cada día, no fue solo una colección de 24 horas, supuso otra oportunidad de hacer la diferencia… de enseñar y practicar, también de aprender y crecer junto a ellas.
Al estar sentada ahora en mi escritorio, moviendo papeles de un lado al otro, contestando llamadas telefónicas sin fin y esperando que el reloj marque las 5 p.m. para salir, me detengo un momento y sueño con todos esos preciosos recuerdos que me fascinan y me hace revivirlos día tras día, año tras año; me recuerdan que realicé el trabajo más grande de mi vida… el empleo de ser una Mamá.