Hace unos días, por la noche, mi hijo Uziel, de ahora tres años y siete meses, no podía dormir. Escuchaba desde mi habitación que se movía de un lado a otro en su cama. También escuchaba algunas palabras que entre dormido y despierto pronunciaba. Obviamente no tenía un buen sueño.
Decidí entonces ir a su habitación y dormir con él en su cama. Mi presencia es como si le diera un mejor descanso; el caso es que en cuanto sintió que yo estaba a su lado, con su manita me tomó de mi brazo y durmió como todo un príncipe que es.
Temprano por la mañana, cuando yo aún estaba despierto, acostado en su camita, mi pequeño Uziel despertó mientras yo le veía y entonces, al abrir sus ojitos me miró y las primeras palabras que salieron de su boca fueron: “Papá, te amo”.
En ese mismo momento hubo un sentimiento indescriptible que me llenó por completo; saber que mi hijo al despertar lo primero que me dijo fue: “Papá, te amo”, me hizo sentir el padre más feliz sobre la faz de la tierra, saber que lo primero que mi hijo pensó al despertar fue que me amaba me hace feliz, es uno de esos momentos que marcan mi historia y jamás lo olvidaré.
Mientras le comentaba ese episodio a mi esposa, Dios trajo a mi mente las siguientes preguntas: ¿Qué es lo primero que haces por la mañana? ¿Qué palabras son las que salen de tu boca al despertar?