Abraham Lincoln, famoso Presidente de los Estados Unidos, mucho antes de llegar a ese cargo ya tenía cierto renombre dentro de su comunidad por su honestidad.
De joven trabajaba en una tienda de comestibles, y se cuenta que una noche, después de cerrar, mientras revisaba sus ventas, se percató de que había dado el cambio incorrecto a una señora que vivía a unos cinco kilómetros. Sin importar la hora ni que el camino era de tierra, fue hasta su casa a devolverle los aproximadamente seis centavos que le debía. Puede que la señora nunca se hubiera percatado de esos centavos, pero él fue a devolvérselos. Y hay otras historias más que dan cuenta de cómo Lincoln se ganó el título de “Honesto”.
Su integridad fue reconocida por todos los habitantes de su comunidad. Cuando llegó a ser presidente luchó por abolir la esclavitud a lo largo de su país y finalmente, fue asesinado por un hombre que no estaba de acuerdo con su política y la libertad de los esclavos.
Linconl no esperó a ser Presidente para tomar decisiones importantes, desde su juventud su carácter le hizo destacarse.
Pues Dios busca personas comprometidas, con carácter, que sin importar si son seis centavos o miles de dólares, sean capaces de hacer lo correcto y devolverlos a su dueño, que dejando aparte si la gente está o no está de acuerdo, hagan lo correcto y defiendan sus ideales, sus creencias, aún a costa de su propia vida.