Imagina que eres un soldado especialmente instruido en labores de rescate. Que pasaste mucho tiempo preparándote física y mentalmente, esperando una oportunidad para entrar en acción y poner en práctica tus habilidades.
Una vez en el lugar, con todas las habilidades que aprendiste, logras internarte en la base, pasas la primera y la segunda guardia con tanta destreza que ni las torres de control pudieron detectarte. Parece que todo está saliendo bien.
Una vez dentro de las instalaciones enemigas, logras golpear a los guardias de la puerta y encuentras a los prisioneros. Todos están pálidos y asustados, pero los animas sacándote el pasamontañas y mostrando el escudo en tu solapa. Abres la puerta y con voz baja, les pides que te sigan; te das la vuelta sacando tu fusil y avanzas unos cuantos pasos, cuando de repente te das cuenta que nadie te está siguiendo. Los prisioneros siguen tirados en el suelo, encadenados a sus grilletes sin poder moverse.
Nuevamente, te presentas por tu nombre completo y añades que viniste para salvarlos, pero ellos siguen estáticos. Uno de ellos quiere seguirte, pero sus cadenas no se lo permiten. Tú sigues insistiendo en tu misión y que viniste para ayudarlos, pero parece que ninguno quiere moverse del lugar donde está.
¿Qué es lo que está pasando? No importa que las puertas estén abiertas y que todos los soldados enemigos se hayan ido. Ellos simplemente, no pueden moverse porque están encadenados.