El sacerdote de Dios por los méritos dados por el gran sumo sacerdote Cristo, tiene un gran llamado en este siglo 21 en el que estamos viviendo.
La Iglesia está formada por personas transformadas por el sacrifico expiatorio de Jesús. Y sabemos que Cristo pagó un gran precio que ningún ser humano podrá pagar. Pero hay algo que como Iglesia, Jesús nos encomendó la gran comisión de predicar las buenas nuevas de salvación.
La Iglesia está formada por personas transformadas por el sacrifico expiatorio de Jesús. Y sabemos que Cristo pagó un gran precio que ningún ser humano podrá pagar. Pero hay algo que como Iglesia, Jesús nos encomendó la gran comisión de predicar las buenas nuevas de salvación.
Todos sabemos que Cristo se humilló hasta la muerte y muerte de cruz, pero hay algo que el libro de los Hebreos recalca y son sus lágrimas. Dios en su palabra, nos habla de la humillación, pero una cosa es leerlo y muy diferente sentirlo en obra en nuestro corazón.
El capitulo 2 versículo 17 de Joel: “…entre la entrada y el altar lloren los sacerdotes ministros de Jehová…”
Joel 2:12 “… por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento…”
Sabemos la situación que se vivía en el tiempo del profeta Joel, donde las plagas, la langosta y la oruga de la vid habían arrasado los campos. Somos templos del dios viviente, vemos la situación en que vive nuestra nación y el mundo.