En el mundo han existido, a través de la historia, hombres famosos que alcanzaron grandes éxitos en diferentes esferas del quehacer humano.
Generalmente, alrededor de estos llamados famosos se amontonan algunos individuos a los que se puede bautizar como "monicacos", que lo hacen buscando sacar algún provecho de ello.
Generalmente, alrededor de estos llamados famosos se amontonan algunos individuos a los que se puede bautizar como "monicacos", que lo hacen buscando sacar algún provecho de ello.

Hubo uno que no fue famoso, sino el hombre más grande que la humanidad haya conocido jamás, que a diferencia de los famosos de hoy, fue vituperado cuando merecía gloria, crucificado cuando merecía el aplauso del mundo, pero cuya grandeza nada ni nadie podrá negar, por cuanto se levantó de los muertos para regalarle al ser humano lo que ningún famoso puede ofrecer.
Los que le siguen tienen garantizado el regalo más valioso para un ser humano, y precisamente por eso, no solo debemos catalogarlo como el más grande, sino como el único que puede dar a esta humanidad la eterna salvación. Eso no solo lo hace el más grande, sino nuestro héroe.
La práctica de quitar los ojos de Jesús para ponerla en los hombres, no está reservada solo para aquellos que viven de espaldas a Dios, pues muchas veces convertimos en ídolos a los llamados famosos de los diferentes escenarios evangélicos, relegando a un segundo plano al único que es el mismo ayer, hoy, y por los siglos de los siglos.
¿Eres de aquellos que siguen a los llamados famosos de este mundo?
Los famosos pasan, pero la grandeza de nuestro salvador y rey nadie la podrá igualar.