Al desarrollar el estudio sobre los "Diez Mandamientos", se observa que los mismos nos están hablando acerca de puntos importantísimos de nuestra vida.
Este mandamiento nos habla del método que Dios nos ha dejado para preservar nuestros hogares. Una fórmula o método perfecto que no ha podido ser mejorada por el hombre a través de los años.
Debemos recordar que los Diez Mandamientos no son meramente un episodio en la vida del Antiguo Testamento; lo que sí podemos decir es que son una copia fotográfica para ser usada permanentemente, cada vez que busquemos la felicidad.
La obediencia a ellos nos lleva a una armonía perfecta con el propósito de Dios y también en nuestra relación con aquellos que nos rodean, pues la santidad y la felicidad van de la mano, son inseparables. La ley fue dada en primer lugar a Israel y era la base indispensable para su redención. En Exodo 20:2 leemos:"Yo soy Jehová tu Dios que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre". La ley abre nuestros ojos, cierra nuestras bocas, y nos deja sin excusa.
Además, la gran revelación del Nuevo Testamento, el Evangelio, viene a irradiarnos esperanza, pues Pablo en Romanos 10:4 dice: "Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia, para todo aquel que cree".
Él es el objetivo del cumplimiento de la ley, nuestro libertador. Ante todo y como única forma, nosotros podemos ir a Él a través de la fe y consecuentemente, Dios nos justifica sin tener en cuenta para nada los méritos de la ley. Teológicamente, a esto se llama justicia imputada, lo que significa que nuestra relación para con Dios está establecida como vital. De esta manera, podemos decir que Él nos imparte vida y esa vida nos imparte justicia, lo que conlleva que nuestra relación con Dios debe desarrollarse, crecer cada día más.
Consecuentemente, nuestra obediencia a la ley de Dios, no está inspirada por términos legales, pero sí lo es por amor y tiene el poder de Dios a través del Espíritu Santo. ¿Podría usted decir que la gracia predicada en el Nuevo Testamento nos hace tener una norma de vida inferior a la del Antiguo? De ninguna manera ¿verdad? En realidad, la norma de vida del Nuevo Testamento, la ley de vida en la gracia, es más consecuente que el tipo de vida impuesto en el Antiguo Testamento. Pero lo trágico de esta situación es que en la mente de los teólogos liberales, existe una gran preocupación por la ética cristiana pero no por el fundamento cristiano. Hay una tremenda necesidad de demostrar la ética cristiana como parte de nuestro fundamento y no independientemente de este último.