“Y si sois de Cristo, sois descendencia de Abraham, herederos según la promesa” (Gálatas 3:29).
Si somos Linaje de Cristo, somos Linaje de Abraham, y si somos Linaje de Abraham, tenemos las promesas de Dios en nuestras vidas. Ser de Cristo conlleva vivir una vida nueva y libre de pecados. “Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos” (Gálatas 5:24). De modo que “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y Justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).
¿Qué quiere decir linaje de Dios? Descendencia de sangre. Descendencia e hijos escogidos por Dios. “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de Aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia” (1 Pedro 2:9-10). ¡Aleluya!
“Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama !Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo” (Gálatas 4:4-7).
Para ser heredero de Dios y gozar de Sus ricas bendiciones cada día, tenemos que dar un paso de fe y ser sus hijos recibiendo a Cristo. El Apóstol Juan nos dice con detalle: “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal como Él es” (1 Juan 3:2).
Cuando leemos en Génesis, la historia de Abraham y su obediencia, podemos ver que a Dios le agradó la manera en que él actuó, no importándole dejar su parentela y vivir por fe como nómada en el desierto. Todos tenemos muchas amistades y conocidos, pero dentro de ese grupo de amigos, siempre existirá uno que es incondicional. Dios encontró en Abraham, una actitud sincera e incondicional, Dios descubrió en Abraham, a un amigo fiel. Las cualidades de Abraham lo situaron con altos honores, ganándose el título de "el Padre de la Fe". Pero, ¿Abraham fue perfecto? claro que no, él cometió errores como todos, pero hubo una gran diferencia en él, que lo alejó poco de ser perfecto: su fe y su obediencia a Dios.
Cuando Dios lo llamó le dijo: “Yo soy El Sadday, camina en mi presencia y sé perfecto. Yo establezco mi alianza entre nosotros dos, y te multiplicaré sobre manera (Génesis 17; 1-2), Dios le otorgó a Abraham bendiciones sobreabundantes en la tierra y a su linaje también, y lo bendijo con su Ciudadanía en los Cielos.
Todos tenemos una ciudadanía que es la ciudadanía de la tierra, como por ejemplo, yo nací en España, por tanto soy ciudadano español. Pero para obtener una Ciudadanía Eterna con Dios es necesario tener otro nacimiento, y ese nacimiento es el Nacimiento del Espíritu Santo de Dios en nuestros corazones. Por esta razón, cuando aceptamos a Dios como nuestro Salvador espiritual, en espíritu y en verdad, automáticamente obtenemos en nuestras vidas Ciudadanía en los Cielos.
“Mas nuestra ciudadanía está en los Cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al Cuerpo de la gloria Suya, por el poder con el cual puede también sujetar a Sí mismo todas las cosas” (Filipenses 3:20-21). Recuerda que la Ciudadanía de los Cielos debes mantenerla como Dios manda. Si caminas por el mal camino siendo hijo de Dios, pones en riesgo tu Ciudadanía Celestial. Dios no solamente nos bendecirá con la Ciudadanía en los Cielos, Él por Su misericordia, nos bendice también en la tierra. Y para recibir sus ricas bendiciones cada día, es necesario dar un paso de fe como lo hizo Abraham.