Inspirado por un viaje de medio día con mi hijo a los campos nevados, y por la necesidad de refrescar nuestra manera de pensar...
Estando de camino a las 3:15 a.m., conducir 450 Kms. no formaba parte de mis planes para el fin de semana. Había estado relajado y cargando mis baterías un par de días, preparándome, era mi intención, para la ajetreada semana que me esperaba.
Al iniciar mi travesía temprana por la mañana, lo único en lo que podía pensar era que tan pronto llegásemos, le diría adiós a los muchachos y estaría en camino de vuelta a casa… un viaje de 900 Kms. de ida y vuelta en solo 10 horas. Aunque estaba feliz de hacer el viaje, solo pensar en tan larga travesía en un día era algo pavoroso, especialmente cuando estaba necesitando tiempo de relajación.
Con los años he llegado a darme cuenta de que en la vida, a menudo los eventos que pasan nos desafían, pero si los hacemos regularmente, no nos revelan su propósito real al principio. Tal como estaba a punto de descubrir en las siguientes 10 horas, este iba a ser el caso en esta ocasión.