Como líder, usted necesita tener los ojos puestos en algo más motivador que las circunstancias en las que se encuentre, pues eso le inspirará y animará a seguir adelante cuando las fuerzas parezcan desvanecerse.
Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Hebreos 12:2

En las carreras modernas, la salida suele está en el mismo lugar de la llegada. Antes de correr, a menudo, el corredor echa un vistazo al podio y, por unos segundos, sueña con las sensaciones de estar subido allí, en lo más alto del escenario, aplaudido y elogiado por el público que lo reconoce como el mejor entre todos. Este sueño, aunque no es más que un pensamiento fugaz en los minutos previos a la carrera, actúa como poderoso estimulante para cada uno de los deportistas. Hasta los menos preparados acarician el sueño placentero de cruzar la meta, para sentir que todo su esfuerzo vale la pena. Durante la carrera habrá muchos momentos difíciles, en los que el deportista luchará con el deseo de abandonar la consecución de la meta. Pero en estas circunstancias, los mejores atletas evocan una y otra vez la imagen del glorioso momento de la llegada y buscan recuperar fuerzas al anticipar la gloria que vendrá.