El que tiene oídos para oír, oiga. Mateo 11:15.
Estad atentos, y oíd mi voz; atended, y oíd mi dicho. Isaías 28:23.
Dos amigos caminaban por una calle concurrida y ruidosa de una ciudad soleada del sur de Francia., cuando uno de ellos preguntó:
–¿Oyes el canto del grillo?
–¿Con semejante ruido?, respondió el otro.
El primero, un zoólogo, tenía el oído ejercitado para percibir los sonidos de la naturaleza. No contestó nada a su amigo; simplemente dejó caer una moneda. Enseguida varias personas se dieron la vuelta.
–Oímos solo lo que queremos oír, señaló él.
Nuestro oído, demasiado aturdido a menudo de informaciones, ¿está ejercitado para escuchar la voz de Dios?, porque atrapados en un torbellino de actividades, corremos el riesgo de permanecer sordos a lo más importante.
Dos amigos caminaban por una calle concurrida y ruidosa de una ciudad soleada del sur de Francia., cuando uno de ellos preguntó:
–¿Oyes el canto del grillo?
–¿Con semejante ruido?, respondió el otro.
El primero, un zoólogo, tenía el oído ejercitado para percibir los sonidos de la naturaleza. No contestó nada a su amigo; simplemente dejó caer una moneda. Enseguida varias personas se dieron la vuelta.
–Oímos solo lo que queremos oír, señaló él.
Nuestro oído, demasiado aturdido a menudo de informaciones, ¿está ejercitado para escuchar la voz de Dios?, porque atrapados en un torbellino de actividades, corremos el riesgo de permanecer sordos a lo más importante.