Juan 4, 5-42. Jesús y la mujer samaritana
Uno de los más bellos y famosos textos del evangelio de Juan. Es estupenda la escenificación, el progreso del diálogo, los muchos detalles que ambientan perfectamente el relato... Pero nos importa mucho más el significado. Jesús es el Agua Viva. El cuarto evangelio lleva al límite el género "Evangelio", en el que los sucesos se narran por su significado.
Parecen historias, narran muy probablemente sucesos que ocurrieron, pero son sobre todo tratados de teología.
El suceso es perfectamente verosímil, bien ambientado en todos sus detalles. El paso de Jesús por Samaria hacia Jerusalén no está atestiguado en ningún otro evangelio, pero no es imposible: el pozo puede ser el "de Jacob", aunque la localización de Sicar ha suscitado discusiones. El texto refleja también perfectamente la posición religiosa de los samaritanos respecto a los judíos.
Sobre este relato, Juan construye "la Teología del Agua viva". Parecería una invitación a hablar del bautismo; pero el texto sin embargo, tiene una connotación bautismal mucho más amplia. Se toma el agua en el sentido más bíblico, como aparece en el Libro del Éxodo. No se trata de sumergirse, lavarse, sino de "beber". En este sentido, el texto ilumina al bautismo, porque allí empezamos a beber del agua de Jesús.
Jesús y la samaritana: un mundo lleno de novedades. Jesús está cansado y sediento, y no puede sacar agua porque el pozo es profundo. Nuestra fe no se basa en un Jesús mágico, exento de cansancio o de debilidades. Creemos en ese hombre.
Jesús habla con una mujer, y una mujer samaritana, herética y extranjera, y además de mala fama. Hasta sus discípulos se extrañan. Pero resulta que es el médico, viene a curar, a salvar, tiene que estar con los enfermos.
Preciosa imagen de Dios. A Jesús no le interesa ahora el Templo, el culto exterior, incluso "los justos"; le interesa que la mujer arregle su vida. Jesús sueña con salvar el mundo entero: pero necesita ayuda.
Esto define nuestra misión: ¿quieres ayudar a Dios a que sus hijos vivan como hijos?
Sí, lo de Jesús es diferente.