La voluntad de Dios es que cada uno de nosotros le busquemos diariamente, que le hagamos el centro de nuestra vida y que diariamente reconozcamos nuestra necesidad inmediata de Él. Sin embargo, a diferencia de Dios, el enemigo de nuestras almas quiere totalmente lo contrario, por lo que usará cualquier medio que se le presente para hacer que nos alejemos de Dios y una de sus formulas favoritas es La vergüenza.
Cuando me refiero a la vergüenza, en especial me quiero referir al sentimiento o reacción que nos provoca haber fallado a Dios, independientemente de la forma que lo hayamos hecho. Porque sentir vergüenza es aquella sensación que nos quiere evitar acercarnos a Dios o pedirle perdón, porque nos hace sentirnos, sucios, hipócritas, malos, etc. Entonces nos da vergüenza ir nuevamente a pedir perdón a Dios por lo mismo, por aquello que ya en innumerables ocasiones le hemos pedido.
¿Está mal que nos dé vergüenza? Definitivamente no está mal, al contrario, eso habla de que en ti aún está activo el Espíritu Santo que es quien te redarguye y te hace sentir que lo que hiciste estuvo mal. Lo que sí estaría mal realmente es que fallaras a Dios y no sintieras ni una pizca de vergüenza por lo que hiciste, ¡Eso sí que no es normal!
Donde existe el problema de verdad es en permitir que esa vergüenza te aleje de Dios, allí sí existe un problema. Porque nada ni nadie tiene que impedirte el hecho de acercarte a Dios, aunque sientas que eres el más pecador de los pecadores.
A pesar de tu vergüenza y de que muchas veces optas por alejarte de Dios en lugar de acercarte a Él por ese sentimiento, Dios sigue insistiendo en buscarte; lo vemos desde el inicio de la creación, cuando Adán y Eva pecaron contra Él: “Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.” Génesis 3:9-10 (Reina-Valera 1960). El pecado desde un inicio causa vergüenza, y esa vergüenza es provocada por el hecho de que al pecar hemos quedado expuestos en nuestra naturaleza, pero lamentablemente esa misma vergüenza, en vez de buscar de Dios nos hace escondernos de Él.