domingo, 16 de abril de 2017

La voluntad de Dios para mí

Continuamente daba gracias a Dios por el don que le había conferido, a través del Espíritu Santo, de la sabiduría e inteligencia que humildemente, intentó poner y siempre pondrá en aras a su servicio, para su gloria. Si tiene algo es gracias a Él, a su gracia, y nunca se cansará de darle las gracias por ello, de alabarle, adorarle lo mejor que pueda y sepa, y darle el mejor servicio cada día que pase.
A través de sus vivencias, muchas, gracias a Dios, pudo darse cuenta de que la experiencia vital puesta al servicio de la fe que, como cristianos tenemos, produce resultados verdaderamente extraordinarios, ciertamente asombrosos.

Resultado de imagen de La voluntad de Dios para míUn día fue invitado a comer a casa de sus pastores, buenos amigos suyos, como si fuesen hermanos, y les compartió acerca de unos hechos que le acontecieron. Quería relatárselos, y también hacerles una pregunta.
El caso es que, estaban acabando de comer, cuando les formuló esa pregunta que, debido a su experiencia y creencia en Dios, creía acertada, según él, su respuesta a ella. Creía, aunque respetaba, y mucho, la opinión de sus pastores al respecto. ¿Cuántos grupos de gente, atendiendo a su creencia o no en Dios, creéis que hay?, les preguntó, a sabiendas que la respuesta ya iba implícita en la pregunta.
-      Dos, le dijeron. Creyentes y no creyentes en Dios.
-      En mi opinión, les comentó, creo que son tres. Me explico:
Creo que, atendiendo a la fe en Dios, están los no creyentes, como los agnósticos y ateos, con una sutil aunque apreciable diferencia entre ellos, los creyentes en Dios, y los pasivos. Situado este último grupo, entre los creyentes y los que no lo son, y a caballo para ambos. Este es un grupo de gente que merece ser explicado. 
A ver: en la actualidad, y quizá debido a los múltiples problemas que nuestra sociedad plantea, problemas sobre todo de exaltación del ego, de egoísmo, etc., muchísima gente, a estimar su porcentaje quizá entre un 80 a un 90%, cree en Dios, pero no participa ni expone nada, por no hablar de su falta absoluta de compromiso con Él. Dicen creer en Dios, pero únicamente se basan en su creencia de un ser superior. Mas nunca se plantean seriamente su creencia en el Creador de todo, y ni siquiera piensan en Él. Su vida se reduce exclusivamente, a su diario vivir en este mundo.
Esa era su opinión en cuanto a la gente.

Había sido bautizado como cristiano evangélico, unos meses antes, y a su mente, cada día más, venían, cual torrente, una serie de preguntas que periódicamente inquirían de sus conocimientos. ¡Benditos aquellos que, al no complicarse la vida por sus conocimientos, no tienen estos problemas bíblicos!
Sabía y creía fielmente en Jesús como nuestro Señor y Salvador, artífice siendo Dios, de adquirir naturaleza humana, para a través de su enorme sacrificio en la cruz del Calvario, por su derramamiento de sangre, por su consecuente muerte y su posterior resurrección, de su Obra completa en orden al perdón de nuestros pecados y el restablecimiento, de esta manera, de nuestra relación con Dios. Pero aún le faltaban cosas. Cosas que, a pesar de su creencia en Dios, aún le parecían tener un cierto grado eufemístico, cuando no de entelequia. Cosas por creer, por entender, como la enorme discrepancia entre lo que dice la ciencia y la Palabra de Dios en cuanto a la creación.
Para la ciencia, la Tierra tiene… ¿millones de años?, si bien es cierto la falta de un criterio acertado en cuanto a la edad exacta desde su aparición. Sin embargo, estudiando la Biblia, la Tierra no pasa de tener unos pocos miles de años, y el ser humano menos. ¿Cómo se entiende esto?, se preguntaba continuamente. Aún no sabía de la perfecta voluntad de Dios, como dice su Palabra.

No estamos solos

«Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque tuyos son».
Juan 17: 9
La única protección contra el mal consiste en que Cristo more en el corazón con fe en su justicia. La tentación tiene poder sobre nosotros porque existe egoísmo en nuestros corazones. Pero cuando contemplamos el gran amor de Dios, percibimos nuestro egoísmo con su carácter horrible y repugnante, y deseamos que sea extirpado del alma. A medida que el Espíritu Santo glorifica a Cristo, nuestro corazón se enternece y se somete, la tentación pierde su poder y la gracia de Cristo transforma el carácter.
No estamos solos
Cristo no abandonará al alma por la cual murió. Ella puede dejarlo a Él y ser vencida por la tentación; pero nunca se apartará Cristo de uno a quien compró con su propia sangre. Si pudiera agudizarse nuestra visión espiritual, veríamos almas oprimidas y sobrecargadas de tristeza, a punto de desfallecer, y veríamos ángeles volando rápidamente para socorrer a estos tentados, quienes se hallan como si estuvieran al borde de un precipicio. Los ángeles del cielo repelen las huestes del mal que rodean a esas almas, y las guían hasta un lugar seguro. Las batallas entre los dos ejércitos son tan reales como las que sostienen los ejércitos terrenales, y del resultado del conflicto espiritual depende el destino de todo ser humano.
A nosotros, como a Pedro, se nos dice: «Satanás ha pedido zarandearos como si fuerais trigo. Pero yo he orado por ti, para que no falle tu fe» (Lucas 22: 31, 32′ NVI). Gracias a Dios, no estamos solos. El que «de tal manera amó al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna» (Juan 3: 16), no nos abandonará en la lucha contra el enemigo. Él nos dice: «Les he dado autoridad a ustedes para pisotear serpientes y escorpiones y vencer todo el poder del enemigo; nada les podrá hacer daño» 
Permanezcamos en contacto con el Cristo vivo, y Él nos sostendrá firmemente para siempre. Creamos en el amor con que Dios nos ama, y estaremos seguros; este amor es una fortaleza inexpugnable contra todos los engaños y ataques de Satanás.

Palabras de Triunfo: ¡Consumado es!

Estas palabras fueron pronunciadas con mucha intensidad, pues Nuestro Señor quería llamar la atención de todos los que estaban a su alrededor. Acababa de comenzar una nueva etapa en la vida de la humanidad. El hombre había sido redimido con la sangre preciosa del cordero de Dios.
consumado esAunque para sus discípulos fueron palabras de derrota. La idea de Cristo muerto a manos de sus enemigos era totalmente contraria a sus expectativas, y cuando los discípulos escucharon el informe de Juan en silencio, con los ojos en el suelo, fue como si les hubieran echado un balde de agua fría. Nadie se movió, movían la cabeza como diciendo...¿esto es lo que hemos logrado con todo lo que hemos hecho? ¿Valió la pena el sacrificio? ¡Qué tristeza embargó el corazón de los discípulos! No estaban aun en la posición de saber la grandeza de este momento que acababan de presenciar.
En cambio, para sus enemigos fueron palabras de rendimiento. Satanás saboreó su triunfo en la cruz de Cristo, y creyó haber destruido el plan de Dios para la salvación de los hombres. Los judíos tuvieron gran parte de culpa, y los soldados romanos fueron los que pusieron los clavos a Jesús en la cruz. Pero el que tomó todo el crédito por la muerte de Cristo fue el diablo, quien crucificó al Señor de la gloria. Se había cumplido la profecía dada en Génesis 3:15: ésta te herirá en la cabeza, y tú la herirás en el calcañar. Satanás estaba convencido de que había sido el triunfador; que había derrotado al Señor y que el plan de Cristo había fracasado.

¿Cuál es tu actitud ante la vida?

“No es tu aptitud, sino tu actitud, lo que determina tu altitud.”
Cuentan que una pequeña, bien perfumada y orgullosa anciana de 85 años, completamente vestida cada mañana a las 8 horas en punto, con su cabello cortado a la moda y el maquillaje perfectamente arreglado, se mudaba  a un asilo. Su esposo de 88 años había muerto recientemente, lo que motivó la mudanza.
Resultado de imagen de No es tu aptitud, sino tu actitud, lo que determina tu altitud.Después de esperar varias horas pacientemente en el recibidor del asilo, sonrió con dulzura cuando se le dijo que su cuarto ya estaba listo. Mientras se desplazaba con su andadera hacia el elevador, le dieron una descripción detallada de su pequeño cuarto, incluyendo las cortinas que colgaban de su ventana.
– Me encanta…- afirmó con el entusiasmo de un niño de 8 años al que le acaban de regalar una nueva mascota.
– Señora Ana, no ha visto aún el cuarto… espere.
– No importa – respondió -. La felicidad es algo que decides con el tiempo. Si me gusta o no mi cuarto no depende de cómo sean los muebles, depende de cómo arregle mi mente. Y ya decidí que me gusta. Es una decisión que hago cada mañana cuando me levanto. Tengo la elección: puedo pasar el día en la cama repasando la dificultad que tengo con las partes de mi cuerpo que no funcionan, o salir de la cama y estar agradecida por las partes del cuerpo que aún me funcionan. Cada día es un regalo, y mientras se abran mis ojos, viviré cada nuevo día con los recuerdos felices.
¿Cuál es la actitud que tienes en tu trabajo? ¿Te gusta lo que haces?
¿Cuál es la decisión que haces cada mañana cuando vas a trabajar?
¿Cuáles son los pasos que vas a dar para mejorar tu actitud?
“Tú eliges como vas a vivir el resto de tus días. Una buena actitud te llevará siempre a mejores lugares.”