“Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos.” (Hebreos 13:8)
Para gusto o disgusto de muchos, Jesús ha liderado el proyecto de convivencia humana, al menos de todo occidente, desde que caminó por las tierras palestinas. Ya comenzado el siglo 21, la pretendida equidad entre hombres, mujeres, niños, inmigrantes, ancianos y minusválidos, que hoy sigue siendo reclamada por los militantes de los derechos humanos, constituye una idea perfecta derivada de las enseñanzas del maestro nacido en Belén.
Jesús no solo se presentó a sí mismo como un maestro de religión o modelo moral como intentan definirlo algunos, ni tampoco solamente como salvador del mundo y verbo encarnado como destacamos los cristianos. Jesús, además, discutió de legislación, economía, nacionalismo, imperialismo, inmigración, sociología y liderazgo.
Al revisar con atención la historia humana, un hallazgo se hace difícil de obviar y es que Jesús es inevitable. Está en el calendario, en el génesis de la historia de Europa, en el sincretismo de religiones semitas, en las carabelas que cruzaron el Atlántico para descubrir el nuevo mundo, en los peregrinos que fundaron América del norte, en los jesuitas que acompañaban a los buscadores de oro en las selvas del cono sur...
Jesús no solo se presentó a sí mismo como un maestro de religión o modelo moral como intentan definirlo algunos, ni tampoco solamente como salvador del mundo y verbo encarnado como destacamos los cristianos. Jesús, además, discutió de legislación, economía, nacionalismo, imperialismo, inmigración, sociología y liderazgo.
Al revisar con atención la historia humana, un hallazgo se hace difícil de obviar y es que Jesús es inevitable. Está en el calendario, en el génesis de la historia de Europa, en el sincretismo de religiones semitas, en las carabelas que cruzaron el Atlántico para descubrir el nuevo mundo, en los peregrinos que fundaron América del norte, en los jesuitas que acompañaban a los buscadores de oro en las selvas del cono sur...