“Le dijo Simón Pedro: Señor, ¿A dónde vas? Jesús le respondió: A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; Mas me seguirás después. Le dijo Pedro: Señor, ¿porque no te puedo seguir ahora? Mi vida pondré por ti. Jesús le respondió: ¿Tu vida pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: No cantara el gallo, sin que me hayas negado tres veces.”
Juan 13:36
La fe no es algo que conozcamos o que aprendamos como una teoría, de memoria o que se herede, aunque sí es contagiosa y andar con personas de fe nos ayuda a fortalecer la nuestra; la fe se adquiere por el oír y el oír la Palabra de Dios.
De la misma manera que no podemos aprender a nadar por correspondencia sino dentro del agua, o que aprendamos a amar, amando y a obedecer, obedeciendo, la fe sólo se adquiere y se fortalece dando pasos diarios de fe, creyendo, confiando y esperando, en Jesús, el autor y consumador de la fe.
- Creer. No basta con orar; hay que creer que lo que pedimos nos será dado.
- Confiar. Una vez que oramos, necesitamos confiar en Jesús, en su amor, en su cuidado, en su protección y en su provisión.
- Esperar. Y una vez que confiamos debemos esperar. Saber esperar en el Dios de nuestra Salvación; esperar es toda una ciencia y un arte, requiere de paciencia, de dominio propio, de amor y sobre todo de fortaleza, pues en este proceso Dios nos fortalece, nos restaura y nos bendice. Es estar seguros de Él, en que lo que le pedimos nos será dado, a su momento.
Cuando todos los caminos se acaban; cuando todas las puertas se cierran; cuando no existen opciones; cuando todo se pierde, lo único que nos queda es tener fe, aunque sea tan pequeña como un grano de mostaza; Jesús siempre será esa puerta abierta por donde podrás entrar al trono de su gracia; Jesús siempre será esa mano amiga que nos sostiene con su mano derecha para que no caigamos o para levantarnos si hemos caído; Jesús siempre será ese camino a la vida; cuando nuestra mente está confundida o estamos angustiados, Jesús siempre es la verdad que nos hace libres; cuando luchas y luchas por algo que no consigues y sientes que tus fuerzas fallan, Jesús siempre estará ahí, como amigo, como abogado, como doctor, como consejero, como consolador, como sacerdote, como profeta, como Dios y como hombre que conoce por todo lo que pasas, porque Él, también fue tentado, también padeció, también amó y también sufrió.
La ciencia no siempre tiene todas las respuestas, a veces hace falta un poquito de fe; no pierdas la fe, da pasos de fe y fortalece tu fe cada día porque sólo ella podrá mantenerte a flote cuando el barco se hunde, cuando llega la crisis, la enfermedad o la pérdida.
La fe es especialmente importante en el proceso de la toma de decisiones; hay decisiones que tenemos que tomar aunque contradigan la razón y la lógica, aunque parezca que nadas contra corriente; tómalas por fe, confiando en Él, vive por fe, actúa por fe, ama por fe, obedece por fe, sométete por fe, acepta por fe, y que Dios nos ampare y tenga misericordia de nosotros si algún día nuestra fe falla.
“Pero los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas; Levantarán alas como las águilas; Correrán, y no se cansarán; Caminarán y no se fatigarán.”
Isaías 40.31