sábado, 19 de diciembre de 2015

El Problema Está Adentro

La verdad es que el problema no está afuera. El problema está en nuestro interior.
Muchas veces decimos que si no fuera por el lugar donde vivimos, la gente con quien nos relacionamos, la casa donde estamos o el trabajo que desempeñamos seríamos más felices. Pero no tenemos que mirar mucho hacia fuera. Una mirada dentro de nosotros es suficiente para contemplar la raíz de nuestras dolencias y quebrantos.
El profeta Isaías habló de esto en el Capítulo 54:
Tú, mujer estéril que nunca has dado a luz, ¡grita de alegría! 
Tú, que nunca tuviste dolores de parto, ¡prorrumpe en canciones y grita con júbilo!
Porque más hijos que la casada tendrá la desamparada, dice el Señor.
Ensancha el espacio de tu carpa, y despliega las cortinas de tu morada.
¡No te limites! Alarga tus cuerdas y refuerza tus estacas. Porque a derecha y a izquierda te extenderás; tu descendencia heredará naciones, y poblará ciudades asoladas.
No temas, porque no serás avergonzada. No te turbes, porque no serás humillada.
Olvidarás la vergüenza de tu juventud, y no recordarás más el oprobio de tu viudez.
Porque el que te hizo es tu esposo; su nombre es el Señor Todopoderoso.
Tu Redentor es el Santo de Israel; ¡Dios de toda la tierra es su nombre!

¡Enciende tu lámpara!

Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo. Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas. Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite; mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas. Mateo 25: 1-4 (Reina Valera 1960)
La vida consiste en prepararnos para un fin, de hecho, todos queremos alcanzar metas y llegar lo más lejos que podamos. Aunque es cierto que para llegar a donde tanto anhelamos tenemos que estar bien preparados.
Un ejemplo de esto es la historia de las diez vírgenes, en la que encontramos las dos caras de la moneda. Todas tenían un fin, y era entrar a la tan esperada boda con el novio (Jesús); y como todo en esta vida, algunas se prepararon y fueron más diligentes que otras. La mitad de ellas actuaron de manera diligente, haciendo las cosas de la mejor manera posible siendo previsoras. En cambio, las otras cinco se relajaron totalmente y se fueron a esperar el encuentro sin estar preparadas.
Todas necesitaban algo muy importante para el camino y para esperar al amado, el aceite para encender sus lámparas, y no permitir que se apagaran. El aceite simboliza al Espíritu Santo que es el poder de Dios (1 Samuel 16:13). Representa la unción, la luz, sanidad, pureza, y si no lo tenemos no podemos iluminar nuestras lámparas; andaríamos en oscuridad y no llegaríamos al lugar al que Dios nos quiere llevar.

Prosigo a la meta

Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús (Filipenses 3:14)
El clímax de la experiencia que Pablo narra a los Filipenses sobre la perfección, es la expresión enfática "prosigo a la meta". Ante la constatación sincera de su imperfección y previniéndose del futuro, Pablo podía adoptar cuatro actitudes diferentes:

- Abandonar. Los fracasos del pasado y el reconocimiento de su impotencia no le permiten continuar la lucha, quiere liberarse de la tensión que le provoca la búsqueda de la perfección.

- Mostrar inseguridad. Ante los pequeños avances y largos retrocesos, no se atreve a avanzar pero tampoco abandona. En realidad, la situación es cada vez peor, se está empobreciendo.

- Justificar los errores cometidos. Tratar de buscar culpables y hacerlos responsables de su estado. Sentirse víctima de las circunstancias. Esta actitud, lejos de exonerarlo, lo envilece.

- Proseguir, seguir luchando, perseverar a pesar de las dificultades y de los fracasos anteriores. Es lo que Pablo realmente hace; con renovados ánimos, le dice al Señor: "Señor, prosigo, cuenta conmigo, ten aún paciencia y ayúdame a mejorar".

Nuestra cita

Hola, ya estoy aquí de nuevo.
¿Puedo pasar?
Traté de estar puntual en nuestra cita.
Qué bonito es saber que has estado esperándome para que hablemos,
porque tengo tantas cosas que decirte...
Hoy aprendí mucho en tu casa,
aprendí que si hay barreras que nos impidan trabajar para ti,
las debemos derribar con optimismo, porque eso me hará fuerte;
aprendí que si me siento como un árbol seco,
contigo seré como árbol plantado junto al agua,
me harás reverdecer porque un día Tú recogerás mis frutos.
Aprendí que no debo sentirme más grande que los demás,
debo ser humilde como Tú, Jesús.
¿Sabes?, es tan difícil tratar de imitarte...,
pero día a día me esfuerzo por agradarte.
No soy perfecta, Tú lo sabes,
pero te amo; también lo sabes.
He aprendido que con cada prueba, obstáculo o barreras,
debo apoyarme en ti, siempre, y tener paciencia pues Tú estás
al mando, pues me estarás moldeando hasta lograr convertirme
en tu mensajera.
Porque... ¿cómo ser la que Tú deseas si no moldeas mi ser?
Ahora puedo comprender lo que ayer me confundía.
Gracias te doy por hacerme tu escogida.
Quiero ser un barro fino en tus manos, para que le des forma a mi vida y agradarte. 
Gracias por todo tu amor Señor.
Bueno, me despido, pero mañana vuelvo otra vez a tu nido,
para compartir contigo lo que he aprendido.