De niña quería ser adulta; en la escuela quería ser como las alumnas de último grado; en mi adolescencia me quejaba por ser muy delgada, de universitaria quería acabar la carrera para trabajar en mi profesión; ya de profesional quería un mejor trabajo, y cuando ya lo tuve, en la oficina no veía la hora de estar en casa; en casa estaba pensando en las tareas pendientes del trabajo; cuando compré mi primer coche estaba pensando en el que sigue; de novia quería casarme; tuve mi casa pero quería una más grande; de casada quería ser madre; ya embarazada quería tener cuanto antes a mi bebé, y así una serie de vivencias hasta que llegué a una edad adulta, y entonces... ¡quería ser joven y delgada de nuevo!.
Si te familiarizas con lo que acabas de leer, es importante que consideres que el contentamiento viene de adentro, no de satisfacer las necesidades externas; así que considera los siguientes puntos para enfocarte en lo que tienes y no en lo que anhelas: