Jesús introdujo más cambios en la vida que ninguna otra persona, especialmente en el ámbito religioso. Y nos anima a hacer lo mismo, como cuando enseña a sus discípulos acerca del vino nuevo:
Jesús les contó esta parábola: –Nadie quita un retazo de un vestido nuevo para remendar un vestido viejo. De hacerlo así, habrá rasgado el vestido nuevo, y el retazo nuevo no hará juego con el vestido viejo. Ni echa nadie vino nuevo en odres viejos. De hacerlo así, el vino nuevo hará reventar los odres, se derramará el vino y los odres se arruinarán. Más bien, el vino nuevo debe echarse en odres nuevos. Y nadie que haya bebido vino añejo quiere el nuevo, porque dice: El añejo es mejor. Lucas 5:36-39
Jesús les contó esta parábola: –Nadie quita un retazo de un vestido nuevo para remendar un vestido viejo. De hacerlo así, habrá rasgado el vestido nuevo, y el retazo nuevo no hará juego con el vestido viejo. Ni echa nadie vino nuevo en odres viejos. De hacerlo así, el vino nuevo hará reventar los odres, se derramará el vino y los odres se arruinarán. Más bien, el vino nuevo debe echarse en odres nuevos. Y nadie que haya bebido vino añejo quiere el nuevo, porque dice: El añejo es mejor. Lucas 5:36-39
De este modo, Jesús nos enseña que muchas veces nos es necesario aceptar las pérdidas, cambiar nuestros planes, alterar nuestra programación, y revisar nuestras metas y objetivos. Esta es una gran lección sobre el liderazgo. En algunas ocasiones un cambio de planes puede ser la medida más estratégica que podemos tomar como líderes.