Imagina que se te da la opción de escoger, entre permanecer amarrado a la barandilla de un barco que se hunde, o tener un ancla de 5 kilos encadenada a tu pierna antes de que abandones la nave.
¡Qué terrible elección! Por supuesto, una de las opciones no ofrece ninguna esperanza de sobrevivir. La otra ofrece pocas posibilidades de ser rescatado, sin contar que ya es bastante difícil mantenerse a flote y nadar sin peso adicional, y aún más difícil si algo te arrastra hacia abajo, lo cual te agotaría en poco tiempo y los minutos u horas que te mantuvieras en la superficie serían momentos terribles. No debe ser nada agradable sentirse continuamente, apoderado por el miedo a la muerte.Amigos y hermanos queridos, es muy importante que siempre recordemos esto. Dios nos ama profundamente y ha pagado un precio muy alto para que tengamos paz y tranquilidad, regalos que nos fueron otorgados por gracia a través del sacrificio de Jesucristo en la cruz del calvario. No cabe ninguna duda que, nosotros somos lo más valioso que Dios tiene en esta tierra, somos sus pequeños, sus hijos de adopción. Su deseo es evitar que nos enfrentemos a ansiedades similares, y por eso nos llama a tener una relación con Él, porque sabe bien que sin Él, tarde o temprano nos iremos hacia abajo, pues nadie ganará la vida eterna por más perfecto que intente ser.
