Gálatas 5:13-18
Como seres humanos y más como creyentes, a diario tenemos que librar diferentes batallas para crecer y avanzar en Dios. La batalla más fuerte es la que tenemos en nuestro interior, y ésta es ir en pos de la carne o en pos del espíritu. Pablo, en este escrito, nos aconseja, nos insta a no satisfacer los deseos de la carne, más bien nos guía a vivir en el Espíritu.
¿A cuántos se les ha contaminado la carne?
Cuando hablamos de carne, ¿de qué estamos hablando?

Miremos lo que dice Dios de la carne:
Juan 6:63 la carne para nada aprovecha, aquí la palabra aprovecha viene del griego “ofeleo”, y significa ayudar, ser útil. O sea, que lo que está diciendo Jesús es que la carne para nada ayuda, para nada es útil.
Juan 3:6 ¿de qué eres nacido tú? ¿De la carne o del espíritu? Este es un concepto de lo que tú eres por la semilla que tienes, sea carne o sea espíritu.
Romanos 8:6-12, la carne es enemiga de Dios, no hay nada bueno que pueda hacer la carne que Dios acepte. Todo lo que es nacido de la carne es rechazado por el Señor. Debemos evaluarnos y saber qué es lo que nos motiva a actuar, si es la carne o si es el espíritu; quién está alimentando nuestras decisiones, si la carne o el espíritu. Tu motivación al hacer algo supuestamente bueno, quién la dirige: si es la carne, por más buena obra que hagas Dios la va a rechazar; si das a los pobres motivado por la carne, Dios rechazará esa obra, ya que es para satisfacer tu ego personal y no por cumplir un mandato que viene de Dios.
¿De qué eres nacido tú? Hay personas que no han nacido de nuevo, piensan que ya lo hicieron pero no es así. Algunos tuvieron una conversión de la mente, o sea, saben que necesitan salvación y redención pero solo lo tienen en su pensamiento, mas nunca han nacido del Espíritu, no han permitido que el Espíritu los dé a luz. Solo es así por su razón y deseos.
Vayamos a Génesis.
Génesis 12:1 Dios llama a Abram.
Génesis 15:4 le promete descendencia. Entonces Abram tenía 75 años.
Génesis 16:2 y 15. Sarai y Abram se desesperan. Esto ocurre 11 años después de que Dios le ha dado la promesa a Abram; al ver Sarai que no pasaba nada, entra en desespero y quiere ayudarle a Dios, dando, a su esposo, por mujer a su esclava. Si eres como Sarai que se desespera, estás actuando en la carne; pues si Dios prometió Dios cumplirá, nuestro trabajo es creer.
La impaciencia es de la carne, mas la paciencia es del espíritu.
De esta relación nace Ismael.