Esta relación directa con cada uno de nosotros tiene como objetivo que recibamos salvación, que estemos en comunión con Él, que tengamos la guía para nuestra vida y que nos sea revelado el propósito de nuestra existencia.
Al igual que tu relación personal con Dios es única y personal, tus decisiones y respuestas a Sus llamadas también lo son, y solo tú puedes tomar la iniciativa de atenderlas.
De esa forma es como el Señor transforma individuos, impacta familias, ciudades y naciones.
Ambos niveles, con los demás y con Dios, son importantes, porque sin relación personal no puede haber relación colectiva, y ésta le da fuerza a la relación personal; es lo mismo que pasa con la oración; es tan importante la oración a solas (Mateo 6:6) como la oración con alguien más (Mateo 18:19-20), puesto que la unidad y la fe son el ámbito donde Dios se manifiesta.
Nuestra comunión y oración con Dios abren puertas que están cerradas y cierran puertas que no conviene que estén abiertas. Por otro lado, todo lo que está cerrado puede ser consecuencia de la desobediencia, cuando vamos por el camino equivocado o por un ataque espiritual (Daniel 10: 12-13), y ambos se rompen con el ayuno y la oración.