¡Sí, yo sé lo que es sentir un dolor muy profundo! Sé lo que es
sentir la enfermedad instalarse en el cuerpo, luchar y pensar que no lo
resistirás. No piensen que porque predico la palabra de Dios y trato
de hacer su voluntad, mi vida es un jardín de rosas sin espinas. Así como
ustedes, también me toca enfrentar mis luchas y conquistar mis batallas. Pero
hoy he recordado algo que tengo que recordarte a ti también. Porque eso que
estás pasando y que parece una herida de muerte, mañana será solo una cicatriz
y más aún, se convertirá en el trofeo que te recuerde que superaste la prueba que
se te presentó porque Dios estuvo muy cerquita de ti. Este trofeo te recordará
lo que es ver la gloria de Dios descender sobre tu vida.

Cumplir con el propósito y la misión que Dios tenía para sus vidas
era más importante que sus propios deseos personales. Era, para ellos, más
importante cumplir el sueño de Dios que dejarse llevar por la corriente mundana. Aunque
el enemigo los atacaba una y otra vez, aunque muchas veces eran señalados y les
daban la espalda hasta las personas que ellos menos pensaban, tenían claro que
si Dios los respaldaba e iba al frente de ellos, harían proezas en su nombre.
Mientras más pruebas y tribulaciones enfrentaban, más gloria de Dios descendía
sobre sus vidas y sobre las personas que los rodeaban. Hasta sus enemigos
tenían que bajar sus cabezas, al ver el respaldo de Dios que nunca los dejaba
en vergüenza. El combate era a muerte, y ellos estaban dispuestos a dejarlo
todo a cambio de que el nombre de Dios fuera conocido y exaltado.
Quizá sería muy fácil para
mí, decirles que, éste, mi caminar es de color de rosa. Mas no puedo dejar de ser
sincera, este caminar es hermoso, sí, pero hay batallas que enfrentar. El
enemigo sabe que le queda poco tiempo y está atacándonos con todo lo que puede.
Humanamente sería muy fácil rendirnos, tirarnos al suelo y exclamar que hasta
aquí llegamos. Pero me niego a permitir que Satanás gane el combate. No vale la
pena rendirse después de haber recorrido tanto camino.