martes, 30 de mayo de 2017

La Práctica de la Presencia de Dios (1)

Hace más de 300 años, en un monasterio de Francia, un hombre descubrió el secreto para vivir una vida de gozo. 
A la edad de dieciocho años, Nicolás Herman vislumbró el poder y la providencia de Dios por medio de una simple lección que recibió de la naturaleza. Pasó los siguientes dieciocho años en el ejército y en el servicio público. Finalmente, experimentando la “turbación de espíritu” que con frecuencia se produce en la mediana edad, entró en un monasterio, donde llegó a ser el cocinero y el fabricante de sandalias para su comunidad. Pero lo más importante, comenzó allí un viaje de 30 años que le llevó a descubrir una manera simple de vivir gozosamente. En tiempos tan difíciles como aquellos, Nicolás Herman, conocido como el Hermano Lorenzo, descubrió y puso en práctica una manera pura y simple de andar continuamente en la presencia de Dios. 
Resultado de imagen de La Práctica de la Presencia de Dios
El Hermano Lorenzo era un hombre gentil y de un espíritu alegre; rehuía ser el centro de atención, sabiendo que los entretenimientos externos “estropean todo”. Después de su muerte fueron recopiladas unas pocas de sus cartas. Fray José de Beaufort, representante del arzobispado local, ajuntó estas cartas con los recuerdos que tenía de cuatro conversaciones que sostuvo con el Hermano Lorenzo, y publicó un pequeño libro titulado La Práctica de la Presencia de Dios. 
En este libro, el Hermano Lorenzo explica, de forma simple y bella, cómo caminar continuamente con Dios, con una actitud que no nace de la cabeza sino del corazón. El Hermano Lorenzo nos legó una manera de vivir que está a disposición de todos los que buscan conocer la paz y la presencia de Dios, de modo que cualquiera, independientemente de su edad o de las circunstancias por las que atraviesa, pueda practicarla en cualquier lugar y en cualquier momento. 
Una de las cosas hermosas con respecto a La Práctica de la Presencia de Dios es que se trata de un método completo.

En cuatro conversaciones y quince cartas, muchas de las cuales fueron escritas a una monja amiga del Hermano Lorenzo, encontramos una manera directa de vivir en la presencia de Dios, que hoy, trescientos años después, sigue siendo práctica.

La perfección de Cristo

«Y habiendo sido perfeccionado, llegó a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen». Hebreos 5: 9, RVA15

Nuestro Salvador mantuvo la verdadera característica de un ser humano como hijo de Dios. Somos hijos e hijas de Dios. A fin de saber cómo podemos comportarnos con prudencia, debemos seguir a Cristo por donde nos conduzca. Durante treinta años vivió la vida de un hombre perfecto, en armonía con la más elevada norma de perfección.
Nuestra obra consiste en esforzarnos para obtener, en nuestra esfera de acción, la perfección que Cristo logró en esta tierra en todo aspecto de su carácter.
Y para avanzar sin tropezar, hemos de tener la seguridad de que una Mano todopoderosa nos sostendrá, y que una infinita misericordia se ejercerá hacia nosotros scaemos. Nadie más que Dios puede oír en todo momento nuestro clamor por ayuda.
Es muy grave que se viole, en lo más mínimo, la conciencia, el dejar de cumplir una sagrada obligación, o la formación de un solo hábito malsano, porque puede tener como resultado, no solamente nuestra propia ruina sino la ruina de aquellos que han puesto su confianza en nosotros.
Nuestra única seguridad consiste en seguir las pisadas del Maestro por donde Él nos conduzca, confiar sin vacilación en la protección del que nos dice: «Sígueme». Nuestra constante oración debiera ser: «Afirma mis pasos en tus caminos, para que mis pies no resbalen» (Salmo 17: 5).
El Hijo de Dios era intachable. Debemos tratar de alcanzar esa perfección, y vencer como Él venció, si queremos sentarnos alguna vez a su diestra.

¿Cuál es el significado y la importancia de la ascensión de Jesucristo?

Resultado de imagen de ¿Cuál es el significado y la importancia de la ascensión de Jesucristo?Una vez Jesús resucitó de los muertos, “se presentó vivo” (Hechos 1:3) a las mujeres cerca de la tumba (Mateo 28:9-10), a Sus discípulos (Lucas 24:36-43), y a más de otras 500 personas (1 Corintios 15:6). En los días siguientes a Su resurrección, Jesús instruyó a Sus discípulos acerca del reino de Dios (Hechos 1:3).
Cuarenta días después de la resurrección, Jesús y sus discípulos fueron al Monte de los Olivos, cerca de Jerusalén. Allí, Jesús les prometió a sus seguidores que pronto recibirían el Espíritu Santo, y les indicó que permanecieran en Jerusalén hasta que el Espíritu hubiera venido. Después, Jesús los bendijo y mientras les daba la bendición, comenzó a ascender al cielo. El relato de la ascensión de Jesús se encuentra en Lucas 24:50-51 y Hechos 1:9-11
En la Escritura se expone claramente que la ascensión de Jesús fue literal, regresando corporalmente al cielo. Él se levantó gradual y visiblemente de la tierra, siendo observado por muchos atentos espectadores. Mientras los discípulos se esforzaban por echar una última mirada a Jesús, una nube lo ocultó de sus ojos, y aparecieron dos ángeles que les prometieron que Cristo regresaría “…tal como le habéis visto ir al cielo.” (Hechos 1:10-11).

Disfuncional

Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios. Romanos 3:23
La palabra disfuncional suele usarse para describir a personas, familias, relaciones, organizaciones, e incluso gobiernos. Mientras que funcional significa algo que funciona como es debido, disfuncional es lo opuesto: algo roto, que no se desempeña bien.
Resultado de imagen de DisfuncionalEn su carta a los romanos, el apóstol Pablo comienza describiendo una humanidad espiritualmente disfuncional (Romanos 1:18-32). Esta rebelión es generalizada: «Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. (…) Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios» (Romanos 3:12, 23).
La buena noticia es que somos justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados (versos 24-25). Cuando invitamos a Cristo a nuestra vida y aceptamos su perdón, Él comienza a transformarnos. No nos volvemos perfectos de inmediato, pero ya no tenemos por qué seguir en un estado roto y disfuncional.
A través del Espíritu Santo, recibimos fuerza a diario para honrar a Dios con lo que decimos y hacemos, y para despojarnos «del viejo hombre, que está corrompido por los deseos engañosos, renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.» (Efesios 4:22-24).

Señor, acudimos a ti en busca de restauración y fuerzas.
Acercarnos a Cristo nos ayuda a vivir de acuerdo a su diseño original.