Hay un tipo de personas en este mundo, que sin haber estudiado ningún curso universitario son especialistas en dar malas noticias y en desanimar a otros. Si a estas personas les hablamos de cualquier dolencia por la que estemos atravesando, su respuesta suele ser: “yo tengo un pariente que comenzó con esa dolencia y terminó en cáncer, ¡el pobre!”...
El libro de Números nos relata una historia que nos enseña cómo la mala influencia de personas como éstas, pueden acarrear desgracias sobre aquellos que dan crédito a sus mensajes desalentadores. Muchas personas son presas del desánimo con facilidad. Los pesimistas son los mayores portadores de este mal, pero Dios quiere edificar la vida de aquellos que están desanimados.
Pero para eso nos necesita. Pon tu fe en Él, y busca la oportunidad de dar ánimo a quien lo necesite. Josué y Caleb, fueron de esos hombres que hicieron hasta lo que parecía imposible para animar al pueblo de Israel, pero el pueblo prefirió dar crédito al mensaje negativo de los espías, por lo cual todos los que tenían más de 20 años, aquella generación, murieron en el desierto por dar crédito a los que se convirtieron en portadores de malas noticias.
Por esa causa, de 603.550 hombres mayores de 20 años que había cuando ocurrieron los hechos, solo quedaron en el desierto dos, Josué y Caleb. Ellos llegaron a la tierra prometida de los de aquella generación.