Wolfgang Amadeus Mozart fue un maestro que “cayó del cielo”, afirmó el director de orquesta Nikolaus Harnoncourt en una entrevista con motivo del “Año de Mozart 2006″, en el que se celebraba el 250 aniversario del nacimiento del genial músico salzburgués.
Un dicho popular de Austria, afirma que “ningún maestro ha caído del cielo” sino que se hace con la práctica, pero Mozart “sí cayó del cielo”, aseguró el experto, conocido por sus interpretaciones “revolucionarias” de este compositor.
El genio de Salzburgo es “un iceberg cuya mayor parte flota en la oscuridad”, afirmó el director de orquesta y celista austríaco.
Según dijo Harnoncourt en una entrevista en el semanario austríaco “Profil”, sorprende que la música de Mozart sea accesible a un público amplio y al mismo tiempo, oculte bajo una superficie brillante tanta profundidad que “rasgándola un poco, surgen una y otra vez capas nuevas”.
Sobre el efecto de su “Flauta Mágica”, el propio compositor dijo en su día, que los necios la encontrarían igual de agradable que los expertos.
Sobre el efecto de su “Flauta Mágica”, el propio compositor dijo en su día, que los necios la encontrarían igual de agradable que los expertos.
Quien oiga superficialmente la Sinfonía en Sol Menor, la encontrará “bella”, pero quien la escuche de veras, llegará a experimentar “cosas tremendas”, explica Harnoncourt.
Por otra parte, critica que “de ningún compositor se ha abusado tan descaradamente como de él; han chupado de él y le han exprimido como un limón para fines que no tienen nada que ver con el arte”, puesto que Mozart se oye en cualquier ascensor de hotel y supermercado, o como trasfondo de un anuncio comercial.
“Me molesta que un aeropuerto (como el de Salzburgo) lleve el nombre de Mozart, y cuando salgo a comer, pido que apaguen la música en el restaurante, porque si no, no consigo comer ni un solo bocado”, añade.
Además, las diversas interpretaciones según el estilo de la época, han servido también para fines ideológicos.
Así por ejemplo, el Tercer Reich utilizó las melodías de Mozart para simular el “mundo intacto”, y en la Austria de la posguerra este estilo dulzón siguió en boga, aunque para consolar a la gente.