María y yo éramos parte del grupo de jóvenes de la iglesia que se reunía dos veces al mes. Ella soñaba con dirigir la alabanza en la iglesia y lanzar sus discos a la venta. Mientras la veía cantar, era obvio que Dios la estaba usando para hacer ambas cosas. Una parte de mí quería celebrar y alabar a Dios por permitirle cumplir sus sueños. Pero la otra parte, estaba menos alegre. Me pregunté, ¿Y por qué yo no?
Sí, Dios me estaba usando en mi trabajo y en mi ministerio, pero yo quería ser parte de esa otra clase de bendición. La lucha de ambos sentimientos.... me sentía halagada y desgarrada. No me gustaba sentirme así. Como hermana en Cristo de María, yo sabía que debía estar alegre porque Dios estaba usando a mi amiga, y feliz de ver la mano de Dios trabajando en su vida. Sin embargo, no era así.
No quería parecer “poco espiritual”, así que fingí estar feliz por ella halagando su actuación delante de mi esposo. Pero por dentro, los celos me consumían como un veneno llegándome al corazón. Me esforcé alabándola con una sonrisa falsa y con la esperanza de que eso oscureciera mis sentimientos. Quizá si aparentaba bastante, podría parecer sincera de sentirme feliz por ella.
Pero cuanto más alarde hacía de ella a mi marido, más pensaba en el asunto. Y cuánto más lo pensaba, más me carcomía. ¿Qué estaba pasando? Los celos estaban acabando con mi alegría.
LOS CELOS ANSÍAN OTRO ESTATUS
Yo no estaba celosa de las cosas de María-de su ropa, de su casa, ni de su talento-. Mi batalla no era el deseo de estar en el escenario dirigiendo la adoración. Era su bendición lo que yo quería.
Estaba viviendo una versión moderna de Jacob y Esaú. Dios había bendecido a mi hermana en Cristo con un ministerio increíble, y yo lo deseaba. Quería ser la escogida por Dios, ansiaba tener un llamamiento sensacional que llenara todas mis expectativas. ¿Por qué estaba Dios satisfaciendo las peticiones de María, y no las mías?
Después del servicio, hablé con ella. Mientras conversábamos y nos poníamos mutuamente al día, tuve la tentación de exagerar lo que estaba pasando en mi vida y en mi ministerio. Sentí la necesidad de “superarla” para que supiera que yo también estaba haciendo algo especial.