Probablemente a Steve Jobs se le pueda catalogar como un líder de negocios que pensaba fuera del orden establecido. Tras saber de su muerte, decidí averiguar más sobre Steve y compartirlo.
En cierta manera, él no era distinto de usted y de mí. Fue adoptado (y criado) por una familia de clase media. Al crecer era enérgico, bromista y divertido. Sin embargo, había algo en él que lo hacía diferente.
Su inteligencia sobresalía por encima del promedio (se saltó un grado en primaria). Y evidenció el síndrome de hijo único; como tal, era solitario, con pocos amigos y sin saber cómo compartir. En otras palabras, su emotividad era más bien baja. Esto se evidenciaba en sus relaciones con amigos, muchachas, familiares, empleados, colegas, socios y jefes. La única excepción pudiera ser su esposa, que fue lo suficientemente fuerte como para "pararle los pies" y capear las altas y bajas de su personalidad.
En las escuelas de negocios estadounidenses se nos enseña a satisfacer las necesidades de los accionistas, inversionistas, dueños, empleados, acreedores y proveedores, maximizando el rendimiento de sus inversiones.
En realidad, los gerentes generales satisfacen sus necesidades primero, obteniendo salarios de 6 a 8 cifras, enormes paquetes de acciones y paracaídas dorados defensivos, por si acaso. Steve pensaba que aquello estaba equivocado; creyó en crear un mercado basado en grandes productos y la innovación, y lo probó con iTunes, iMac, iPod, iPhone, iPad, e iCloud.
En agosto de 2011, Ordenadores Apple se convirtió en la compañía más valiosa del mundo. Sin embargo, Steve no llegó a disfrutar el éxito porque su salud se había deteriorado tras una larga lucha contra el cáncer, que se extendió de su páncreas a su hígado. Por supuesto que cualquier otra persona con medios ordinarios no habría podido pagar el mejor cuidado médico que tuvo, incluyendo un transplante de hígado.