Nadie podría haber sido más sorprendido por la orden del Maestro que Pedro. Después de trabajar arduamente toda la noche, ni él ni los otros pescadores tenían el fruto de sus esfuerzos. Estaban cansados y desanimados, y la última cosa que querían hacer era lanzar otra vez las redes, en otro intento inútil por atrapar unos pocos peces. ¿Pero...qué estaría pensando Jesús? ¿Qué propósito tendría al pedirles que salieran a pescar otra vez?
Pedro y sus hombres nunca podrían haber imaginado qué clase de recompensa les esperaba por su obediencia. Lo que buscaban y deseaban más que nada era precisamente lo que Dios les dio: redes repletas de peces. La diferencia era, que la segunda salida a pescar fue hecha a la manera de Dios y en el tiempo de Dios.
Por tanto, confíe en los planes de Dios para usted. Nunca conocerá la recompensa hasta que esté dispuesto a correr el riesgo, y cuanto mayor es el riesgo, mayor es la recompensa.