viernes, 29 de junio de 2018

Unidad en la Iglesia

Efesios 4:1-6
Dios nos ha escogido para ser los representantes de Cristo en la tierra, y Pablo nos desafía a tener vidas dignas del llamado que hemos recibido, el maravilloso privilegio de ser llamados propiedad de Cristo.
La gente observa nuestras vidas (Efesios 4:1)
Efesios 4:1 “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados“.
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La vocación con que fuimos llamados (para lo que lo ha llamado Dios, tal cual es su don), ¿siente que Dios lo ha llamado para llevar una forma de vida diferente a la del mundo?
1 Pedro 2:9 “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable“.
Pablo dice que somos parte de un solo cuerpo y, por otra parte, la Biblia habla que Dios ha dado diferentes dones a la Iglesia (1 Corintios 12). Pablo compara el cuerpo de Cristo con un cuerpo humano, en el que cada parte tiene una función especial que es necesaria al cuerpo en su totalidad.
Las partes son diferentes en su propósito, pero a pesar de sus diferencias deben laborar juntas. Dos errores son comunes en el cuerpo de creyentes. (1) Sentirse demasiado orgulloso de sus habilidades, y (2) pensar que no tiene nada que aportar u ofrecer al cuerpo de creyentes. Pero la Iglesia está compuesta por muchas personas con una variedad de dones y habilidades.
Nadie logrará ser perfecto aquí en la tierra (Efesios 4:2)
Efesios 4:2 “con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor“.
Pablo recomienda a los creyentes que debemos aceptarnos y amarnos los unos a los otros a pesar de nuestras faltas. Cuando veamos errores en otros creyentes, deberemos actuar con paciencia y amabilidad.
Efesios 4:3 “solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz“.
Guardar la unidad es una de las funciones importantes del Espíritu Santo. Hechos 1:14 “Todos estos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos“.
Ahora bien, Dios sabía que esto no siempre es posible porque una persona sola no puede mantener la unidad. Pablo no pide que los cristianos hagan la unidad, porque solo Dios puede establecer ese vínculo; pero los creyentes sí tienen la responsabilidad de tratar de mantenerla. Esta es la unidad del Espíritu.

Fuera De nuestro alcance

“¡Está fuera de mi alcance!” pensó para él. “No hay nada más que pueda hacer”.
Es definitivo, tan absolutaente... Escuché decir esas palabras una vez cuando fui despedido de un empleo que amaba. La mirada de mi rostro rogaba una explicación.

Otra vez...
  • “¿Por qué?” pregunté. “¿No puede usted hacer nada al respecto?”
  • “Está fuera de mi alcance”, "no está en mis manos", contestó él.
Escuché esas palabras cuando mi madre estaba muriendo de cáncer. Yo tenía solo 21 años, lo suficientemente joven para creer, a ciencia cierta, que los médicos sanan y las madres pueden hacernos sentir mejor con un beso. “Está fuera de mis manos”, dijo él.

Resultado de imagen de Fuera De nuestro alcanceRecordando las manos

Con aquello, sabíamos que todo había acabado. Manos que había estrechado al aceptar el empleo, y que de repente no me podían mantener allí. Manos de las que había dependido para vendarme una herida, inyectarme gentilmente un antibiótico, firmarme una excusa para faltar un día a clase… y que no podían hacer mejorar a mi madre.
Manos que me cuidaron, que secaron mis lágrimas, acariciaron mi rostro, me guiaron al otro lado de la calle y me dieron la bienvenida a casa, no estarían más allí. 
Hoy hablé con un amigo sobre un proyecto en el que trabajaba, sueño que he tenido en mi corazón durante años y cuánto significaría para mí en este momento si lo pudiera implementar. Me dijo: “Has hecho todo lo que podías, Bob, está fuera de tus manos”.
Se fue y me senté solo con mis sueños. Miré mis manos y me di cuenta de que habían envejecido conmigo. Arrugadas, secas, lastimadas y con cicatrices, aunque no me han fallado todavía. Porque... “mientras tenga fe, este sueño no está fuera de mis manos”, me dije. Tras eso, levanté mis manos, junté mis palmas y dije una oración.

Amando

Es reconfortante sentirnos amados por alguien o por algunos, lo que nos da un sentimiento de seguridad que nos produce una sensación de equilibrio emocional, que, a su vez, nos da aliento para vivir de una manera exitosa en nuestro tránsito por esta tierra. Pero lo doloroso en estos casos, es que a nuestro alrededor existe un sin número de personas que por muchas razones deberían amarnos, pero de los cuales nunca recibimos esas muestras de amor, aunque conocen que éste es un elixir maravilloso que todo humano necesita.
Resultado de imagen de AmandoVivimos alarmados por lo que está aconteciendo en el mundo, y cuya causa principal es el desamor que existe como consecuencia lógica de vivir separados de Dios. Pero aunque esto nos duele, no nos alarma su acontecer, porque es consecuencia natural del pecado, y que además se encuentra recogido en las páginas de la biblia cuando nos dice: por haberse multiplicado la maldad el amor de muchos se enfriará” (Mateo 24:12).
Llegados a este punto, deberíamos hacernos una pregunta: ¿existe esa maldad en la Iglesia? Si no es así, aquellas personas que comparten la vida cristiana con nosotros, ya sea en el ministerio o como simples miembros del cuerpo de Cristo, ¿por qué hablan tanto del amor de Dios, pero no lo muestran?
No disfrutar de que otros me demuestren amor sería como negar el poder transformador de las escrituras, cuando expresan que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu santo que nos fue dado. Dios nos ama aun sin merecerlo.
El ser favorecidos con el amor de Dios no depende de ningún mérito de parte del receptor. No por ser vosotros el más numeroso de todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos, sino porque Jehová os amó y quiso guardar el juramento que hizo a vuestros padres; por eso os ha sacado Jehová con mano poderosa, y os ha rescatado de la servidumbre, de manos del faraón, rey de Egipto. Deuteronomio 7:7-8).

martes, 26 de junio de 2018

¿Qué voz escuchas?

Todos los días escuchamos multitud de voces a nuestro alrededor; gritos de una sociedad que nos pretende influenciar a toda costa, personas que tratan de limitar nuestra libertad para que nos sujetemos a costumbres y creencias contrarias a Dios, voces que sin pedir permiso entran en nuestro interior y quieren engañarnos, voces que nos atrapan y de las cuales es difícil escapar... Todo sucede muy rápido y no nos damos cuenta.
Resultado de imagen de ¿Qué voz escuchas?Vamos al cine y aparecen escenas en donde se acepta el sexo antes del matrimonio, soberbia y violencia, entre otras cosas. Luego llegamos a casa, vemos la televisión y escuchamos noticias sobre secuestros, muertes, etc. Y en seguida vienen a nuestra mente los recuerdos de aquellas palabras que en algún momento dañaron nuestro corazón, como un padre que solo decía palabras destructivas, o un maestro que nos dijo que no éramos lo suficientemente competentes como para finalizar nuestros estudios, o un líder que nos menospreció y nos dijo que no podía confiar en nosotros, un esposo(a) que nos ofende, etc, todas esas voces se hacen presentes y nuestra mente se embota. Sin embargo, en medio de toda esa confusión, la voz de Dios continuamente nos está llamando, sin que algunas veces la oigamos.
¿De qué manera debemos estar alerta?
  • Sometiendo los pensamientos a la verdad de Cristo (2da. Corintios 10:5) y portando el yelmo o casco de la salvación como parte de nuestra armadura (Efesios 6:17).
  • No dejándonos influenciar por todo lo que escuchamos y renovando nuestra mente a través de la palabra de Dios (Romanos 12:2).
  • Estando en continua comunicación con Dios para evitar caer en la tentación (Mateo 26:41)
¿Y cómo podremos reconocer la voz de Dios con tanto ruido?
  • Debemos escuchar atentamente la voz de Dios (Deuteronomio 28:1) a través de la revelación de su palabra y/o en la oración.
  • Debemos pasar tiempo con Él diariamente (Juan 10:27).
A medida que busquemos a Dios, Él nos hará ser sensibles a su voz y propósito. De la  misma manera en que reconocemos la voz de nuestros padres cuando nos hablan por el móvil, en que sin decir sus nombres sabemos quiénes son, así podremos reconocer la voz de Dios a través de nuestra comunión con Él. Esto representa un esfuerzo de búsqueda, pero nuestra relación con Él se fortalecerá y su voz nos guiará.
A lo largo de la vida escucharemos muchas voces, mensajes que nos harán crecer y otros que querrán dañar nuestro corazón. Sin embargo en medio todo ese ruido, la voz de Dios siempre estará presente. Él quiere que reconozcamos su voz y le obedezcamos. Siempre estará dispuesto a hablarnos. ¿Pero le prestaremos atención? Decidamos buscarle con todo nuestro corazón para ser sensibles a su voz, y a pesar de todo lo que escuchemos, tengamos claro lo que Él quiere para nosotros, de forma que su perfecta voluntad se haga presente en lo que vemos, escuchamos, pensamos y vivimos.

Corazón Valeroso

Se cuenta la historia de un querido miembro de una iglesia, que falleció después de una larga vida de amor y servicio.
En el funeral, sus hijos se levantaron uno por uno a contar historias referentes a su padre, y pronto pudo observarse una característica en común: que su más singular y extraordinaria cualidad fue su voluntad para servir a otros, sin importar cuál fuera la necesidad.
Resultado de imagen de Corazón ValerosoEra uno de esos hombres siempre dispuestos a tender una mano, hacer un favor, algún trabajo peculiar, o simplemente ofrecer un transporte a alguien. Una de sus hijas mencionó que adondequiera que se dirigía, llevaba consigo una caja de herramientas y un par de vestimentas de mecánico en el maletero del coche, “por si acaso alguien necesitaba una reparación”.
Muchas veces, cuando escuchamos la palabra “coraje”, pensamos en actos heroicos en períodos de crisis. No obstante, en nuestra vida cotidiana, no debemos pasar por alto la valentía de simplemente estar ahí. Las vidas cambian cuando con fidelidad proveemos para nuestras familias, cuidamos de los ancianos, o prestamos atención a un amigo en dificultad. Persistir en hacer de este mundo un mejor lugar para vivir, es definitivamente una expresión de coraje.
Albert Schweitzer, el gran misionero cristiano, doctor y teólogo, fue una vez interrogado en una entrevista. Le pidieron que mencionara el nombre de una gran persona viva en la actualidad. De inmediato respondió: “La persona más genial en el universo es aquel individuo desconocido que, en este mismo instante, ha acudido en amor a socorrer a otro”.
Mientras se desarrolla tu día, recuerda que podrías ser el héroe de alguien.
3 Juan 1:5
Amado, fielmente te conduces cuando prestas algún servicio a los hermanos, especialmente a los desconocidos.

¿La Gracia de Dios sana o salva?

En el mundo evangélico de nuestros días se escucha mucho hablar de la sanidad del cuerpo. Muchos predicadores hacen uso de la frase “en el nombre de Jesús” para impresionar a otros con sus aparentes prodigios y milagros.
Es cuestionable si han estudiado algo sobre la Divina Soberanía de Dios, pues parecen querer mover el poder de Dios según sus propios caprichos y antojos.
¿Sana Dios a todos? ¿Siempre será la voluntad de Dios sanar nuestros cuerpos de muerte? ¿Es otorgada la sanidad a todos los cristianos?
No hay la menor duda de que Dios tiene todo el poder para sanar y puede hacerlo a quien quiere y cuando Él quiere hacerlo; sin embargo, debemos aprender a vivir con enfermedades y dolores, y aún en medio de todo dar la gloria a Dios porque nos permite respirar y existir todavía.

La mujer con flujo de sangre
Y he aquí una mujer enferma de flujo de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; porque decía dentro de sí: Si tocare solamente su manto, seré salva. (Mateo 9:20-21).
No sabemos la causa de la enfermedad de esta mujer, lo que sí sabemos es que sufría su dolor en secreto. No se nos dice nada más, sino que se trataba de un "flujo de sangre" o sea de hemorragias, y que ya hacía doce años que padecía de éstas. El evangelio de Marcos nos dice: y había sufrido mucho, había recurrido a los médicos y había gastado todo lo que tenía y nada había aprovechado, antes le iba peor. (Marcos 5:26).
Después de muchos años de sufrimiento, hemos de suponer que su salud había decaído, y que se encontraba pálida y decaída. En cambio su fe era firme y enérgica, de manera que se había atrevido a mezclarse con la multitud para acercarse a Jesús en público, para tocar el borde del vestido del Señor.
Sabemos que como resultado de su acto de fe, la gracia de Dios fue derramada de una manera inmediata sobre ella, y Jesús le dijo:
el borde del vestido de JesúsTen ánimo, hija; tu fe te ha salvado. Y la mujer fue salva desde aquella hora. (Mateo 9:22).
La gracia de Dios, en este caso, no solo sanó sino que también salvó. Jesús hace un milagro inmediato, le concede la sanidad de su cuerpo y le asegura la eterna salvación de su alma. ¿Qué valdrá más: ser sanado en este mundo temporal o ser salvado de la perdición eterna?

Vivimos sumergidos en un mundo secular, materialista y humanista. Los hombres de hoy queremos vivir más, rejuvenecer, tener más y disfrutar de esta vida. No estamos pensando para nada en una eternidad con Cristo, ni en la salvación eterna de nuestras miserables almas. Hoy en día la preocupación está enfocada en el cuerpo y no en el espíritu.

sábado, 23 de junio de 2018

Laodicea hoy en día

Laodicea era la ciudad más opulenta de las siete que había en Asia. Se la conocía por su banca industrial, la manufactura de la lana y la escuela de medicina que producía un medicamento para los ojos. Pero la ciudad siempre tuvo un problema con el suministro de agua.
En cierta oportunidad se construyó un acueducto para transportar agua a la ciudad desde manantiales de agua caliente, pero cuando el agua llegaba a la ciudad no estaba ni fría ni caliente, solo tibia. La Iglesia había llegado a ser tan insípida como el agua tibia que llegaba a la ciudad. Apocalipsis 3:15  “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. !Ojalá fueses frío o caliente!
El agua tibia es desagradable. La iglesia de Laodicea se había vuelto tibia, y por lo tanto era desagradable, repugnante. En estos tiempos no ha cambiado, inclusive algunos dicen que cuanta más gente tiene la Iglesia mejor es, porque allí está el Señor. Ese tipo de pensamiento es digno de reprensión, ya que la biblia dice... Mateo 18:20 “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.
Dios no mira la cantidad ni el parecer como lo vemos usted y yo. 1 Samuel 16:7 “Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón“.
Así que si usted tiene la idea de que cuanta más gente haya más se manifiesta Dios, está equivocado(a). A pesar de su gran esplendor esta Iglesia tenía un fallo, y este fallo que hoy en día no vemos, es que cuanto más se pelea por tener la iglesia más grande y que haya más miembros, Satanás los va destruyendo interiormente. La Iglesia de Laodicea a pesar de ser extremadamente rica, era pobre.
Era rica en lujos y arquitectura, pero pobre espiritualmente. ¿Se agrada Dios de una Iglesia llena de gente, hermosa en estructuras, diseño, altares de mármol, y asientos reclinables con aire acondicionado? ¿O prefiere una Iglesia centrada espiritualmente, que sea un bloque, aunque con sillas duras de madera y ventanas, y poca membresía, altares más bien rústicos y predicadores con ropa desteñida?
La estructura no le interesa a Dios. Sí, debemos tener la iglesia bonita, pero Dios quiere que usted y yo lo busquemos de todo corazón. Dios se puede manifestar tanto en una iglesia de diez mil miembros como en una de diez. ¿O no lo cree así? Apocalipsis 3:17 “Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo“.
La riqueza de esta iglesia, su gran comodidad y la indiferencia las habían conducido a la ociosidad. Al dejar de hacer todo por Cristo, la iglesia se había endurecido y estaba satisfecha de si misma. Estaba destruyéndose. No hay nada más desagradable que un cristiano solo de nombre, que se cree autosuficiente.
Resultado de imagen de LaodiceaHay muchas grandes iglesias que se creen autosuficientes, que dicen: todos tranquilos, no hay de qué preocuparse, con creyentes que piensan que solo consiste en asistir a las reuniones de la Iglesia, que viven vidas cristianas sedentarias, van de la iglesia a la casa y viceversa, en las que no hay pasión por predicar, no hay preocupación por las almas perdidas. Laodicea no solo se ve en Asia, desgraciadamente está en nuestros días, los creyentes están viviendo la realidad de la gran iglesia de la Laodicea. Para muestra un botón, fíjese en las mega iglesias de hoy, mire el compromiso de hoy en día, tener la mejor iglesia y la más grande membresía.
Pero, ¿para qué quiere Cristo un templo de oro si no hay soldados?
No nos conformemos con seguir a Dios a medias, permitamos que Cristo avive nuestra fe y pongámonos en acción. La riqueza nos engaña a pesar que somos creyentes. Algunos creyentes de Laodicea suponían equivocadamente, que la abundancia de bienes materiales era indicio de la bendición espiritual de Dios.
Laodicea era una ciudad rica y la iglesia también lo era, pero lo que la iglesia pudo ver y comprar llegó a ser más valorado que lo que no se ve y es eterno. La riqueza, el lujo y la comodidad pueden convertir a la persona en confiada y satisfecha de sí misma. Pero por mucho que usted tenga, no tiene nada si no posee una relación vital con Cristo.
Apocalipsis 3:18  “Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas“.

Nuestro mundo

Muchos hombres y mujeres han procurado arreglar el mundo, ya sean intelectuales, científicos, políticos, religiosos, ecologistas, médicos, sabios, ingenieros, en fin, larga es la lista, pero con muy poco éxito. Éste se remite solamente a cambios puntuales, como en el ámbito de la medicina, de diferentes ingenierías, tecnológicas, o en el ámbito aéreo- espacial, entre otras cosas. Sin embargo, el mundo no presenta cambios notables.
nuestro mundo
Se habla de un científico que quería ser un aporte al mundo desde su área, y estaba decidido a lograr un cambio, por pequeño que fuera. Estaba en aquello, cuando su hijo de corta edad entró a su lugar de trabajo, y como no deseaba ser interrumpido, se le ocurrió una forma para mantener a su hijo entretenido. Sobre su escritorio encontró una página que tenía impreso el mundo, tomó unas tijeras y la cortó en varios pedazos, tomó una cinta para pegar, y le dijo: —Hijo, como sé que te gustan los rompecabezas, aquí tienes uno; se trata de que juntes todos los pedazos hasta reparar el mundo. El científico pensó que lo mantendría ocupado mucho tiempo, quizá días.
Al poco rato, su hijo lo llamó con alegría; había armado el rompecabezas. Sorprendido su padre, exclamó: — ¿Cómo lo hiciste, hijo?, ¡si tú no conoces el mundo! —Lo que hice, papá, es que me di cuenta, mientras cortabas la página, que al reverso de ella estaba la imagen de un hombre, y como lo conozco, lo armé sin problemas, y al dar la vuelta a la hoja, el mundo está completo, ¡fácil!, dijo el pequeño con orgullo.

¿Qué quiere decir la Biblia con que no le digas necio a tu hermano?

Dentro del segmento "Curiosidades bíblicas", una pregunta surge de unos textos bíblicos ubicados en Mateo 5:22 y 1 Corintios 15:36.
El primero dice: Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga "Necio" a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga "Fatuo" quedará expuesto al infierno de fuego. 

Ahora bien, 1 Corintios 15:36 dice: Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes. 
La curiosidad estriba en por qué Pablo le llama necio, si Jesús profirió otra sentencia contra aquel que dijera necio a su hermano; ¿será que Pablo desconocía esto, o quizás, será que es un contexto diferente en una y otra declaración?

Peor aún, Jesús también usó esta palabra en Lucas 11:39-40, donde dice: Pero el Señor le dijo: Ahora bien, vosotros los fariseos limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de rapacidad y de maldad. Necios, ¿el que hizo lo de fuera, no hizo también lo de adentro? 

Esto, sin duda, ha sido un instrumento para los críticos de la Biblia y de Jesucristo, señalando que Cristo es un hipócrita porque por un lado condena a los que usan palabras duras y despectivas, pero por otro lado, Él mismo no duda en usarlas.

Sin embargo, estas acusaciones se desmoronan cuando examinamos exhaustivamente los términos en el idioma original y a quiénes fueron dirigidas estas palabras. Hagamos una exégesis:

miércoles, 20 de junio de 2018

Fiesta impostergable

Parábola de la gran cena. Lucas 14:16-24 
Esta es una de tantas historias que usó Jesús para ilustrar los principios del Reino. Como toda buena ilustración, es corta y sencilla, lo cual, además de facilitar la enseñanza, ayuda a grabar la verdad en el corazón de los oyentes.
La historia contiene varios detalles interesantes para nosotros. En primer lugar, observamos que el hombre decidió por sí mismo hacer una fiesta. Desconocemos los motivos por los cuales tomó esta decisión, pero sí sabemos que su deseo de llevar a cabo la cena era muy fuerte. Así también nuestro Dios. Nunca podremos entender con claridad por qué decidió crear al hombre, aunque la Palabra nos da indicios de que su motivación principal era compartir el gozo de la comunión perfecta entre Padre, Hijo y Espíritu. A nuestro Señor le produce un incomparable placer compartir una relación con sus criaturas y se deleita en bendecir sus vidas.
¿Cómo se puede hacer una fiesta si las personas a quienes se desea agasajar rehúsan participar?
En segundo lugar, debemos tomar nota de las excusas que presentaron los amigos e invitados. Aunque ninguno de ellos presentó una explicación sin sentido, cada uno tenía motivos legítimos para no participar en la cena, eran motivos relacionados con la vida y las responsabilidades que contraían. Esto pone de relieve el gran peligro al que nos enfrentamos a diario los discípulos de Jesús, que es permitir que lo cotidiano nos absorba de tal manera que dejamos de participar en la vida sobrenatural que nos ofrece el Padre. El ejemplo más claro de esto lo encontramos en la persona de Marta. Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria, y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada. (Lucas 10.41-42).

Hay descanso en sus brazos

Sentir como imperiosa la necesidad de un abrazo que dé un poco de consuelo a tu vida, esa necesidad de unos brazos que aun sin palabras te hagan ver que no estás solo, que las cosas tienen solución y que pronto todo pasará, es algo normal en todo ser humano, ya que pasar por momentos y circunstancias difíciles lleva a que la necesidad de afecto, apoyo y comprensión crezca.
Es difícil y agotador estar viviendo una situación que no sabes cuando terminará, sin ni siquiera entender a veces el motivo de por qué esta pasando, cómo las cosas se descontrolaron para transformarse en lo que hoy estás viviendo, sentirte incomprendido, solo, sin fuerzas, y con la necesidad de tener alguien cerca que te dé ese aliento y te contagie las ganas de mantenerte de pie en la lucha.
Según estudios que se hicieron hace algunos años, estos dicen que una persona que es abrazada recibe un estímulo emocional, que cada ser humano necesita abrazos para sobrevivir, para mantenerse activo, y más para crecer. Un abrazo, en cualquier circunstancia específica en la que necesitamos sentirnos bien, es realmente reconfortante. Pues ahora imagínate saber que Dios, sin a veces darnos cuenta de lo que hace, nos abraza y nos rodea con sus brazos de amor; la verdad es que ni siquiera se necesitan todos esos abrazos que dicen, pues con uno solo basta y sobra.

Las promesas de Dios

Las promesas del Señor son una expresión de su amor y de lo mucho que nos cuida. Por medio de ellas cumple con el plan que ha trazado para nuestra vida y con el propósito que tiene para su reino.
Sus promesas incondicionales nunca cambian, y no hay nada que podamos hacer para impedir que se cumplan. Sin embargo, el cumplimiento de las promesas condicionales depende de la respuesta que demos, de acuerdo a nuestra fe en Cristo.
Las promesas de Dios deben ser una parte vital de nuestra vida, pues todo nuestro sistema de creencias está basado en ellas. Son el fundamento de nuestra vida diaria.
Resultado de imagen de Las promesas de DiosPero a pesar de que nos ha dado acceso a este maravilloso recurso, hay muchos que nunca reconocen que la respuesta a nuestras necesidades se encuentra en la Palabra de Dios. Diariamente debemos acogernos a las promesas de Dios y no considerarlas simples palabras que hallamos en la Biblia.
Las promesas de Dios son para los que esperan y tienen verdadera fe en Él. El no cristiano no puede acogerse a estas promesas porque no conoce a Cristo. No se puede esperar en alguien a quien no conocemos, pero el creyente conoce a su Padre y sabe que le responde cuando aclamamos a Él. Sin fe es imposible a agradar a Dios.
I. Las promesas de Dios son esenciales para la vida del cristiano.
Para que podamos comprender cómo podemos apropiarnos de ellas, primero debemos responder algunas preguntas de suma importancia. ¿Podemos aplicar todas las promesas de la Biblia a nuestra vida? No, pues en ocasiones están dirigidas a personas específicas que vivieron en otros tiempos y enfrentaron situaciones diferentes.
Por ejemplo, la promesa de darles un hijo a Abraham y Sara, a pesar de su avanzada edad, no es aplicable a nosotros. Pero, en términos generales, muchas de esas promesas nos enseñan cómo el Señor provee para nuestras necesidades y cómo obra en nuestro diario vivir.  
¿Quién puede acogerse a las promesas de Dios? Las promesas del Señor solo son para los creyentes en Cristo, con excepción de una de ellas. Todo ser humano puede clamar para sí la promesa de salvación, si está dispuesto a reconocer a Jesucristo como su Salvador personal (Romanos 10.9). Solo cuando da ese paso de fe, recibe la seguridad de que Dios contestará sus oraciones. Pero si pecamos, a pesar de que ya hemos venido a ser hijos de Dios, perdemos, momentáneamente, el derecho de acogernos a sus otras promesas (Isaías 59.2).
Nuestro Padre celestial no premiará, entonces, nuestra desobediencia haciendo realidad sus promesas en nuestra vida. Pero si nos arrepentimos y confesamos nuestros pecados, podemos regresar a vivir en comunión con Él (1 Juan 1.9). Otro requisito esencial para poder acogernos a sus promesas es la confianza (Santiago 1.5-6).
Debemos confiar en que hará lo que nos ha prometido. ¿Por qué Dios nos ha hecho promesas? En primer lugar, porque nos ama de manera incondicional y desea guiarnos, proveernos y protegernos en todo momento. En segundo lugar, porque se revela a Sí mismo al demostrar su sabiduría, poder y gracia. No hay nada que podamos hacer para merecer sus promesas, así que solo debemos confiar y esperar a que las haga realidad.
¿Cómo podemos estar convencidos de que Dios cumplirá sus promesas? Su carácter y naturaleza son nuestras garantías. Por ser perfecto, inmutable y fiel, siempre cumplirá su Palabra. Nada es imposible para el Señor. Siempre tiene la mejor solución, y no hay duda de que responde a nuestras peticiones.
Podemos confiar en cada una de las promesas que hallamos en la Biblia. Y si usamos su Palabra para guiar nuestra vida, nos mostrará la manera en la que debemos vivir.

domingo, 17 de junio de 2018

La antigua Promesa que aún resuena en todo el mundo

En nuestros días hay patrones en las noticias mundiales que merecen ser destacadas. Todos los meses, y casi todas las semanas, suele aparecer un flujo constante de informes que mantienen a la nación de Israel regularmente en los titulares de las noticias. Todos, desde el conflicto con los palestinos, pasando por las guerras de sus alrededores, hasta las tensiones en Medio Oriente que, por lo general, son magnificadas por el Estado de Israel para que el resto del mundo siempre esté oyendo acerca de este país. Aún así, estos informes no son lo suficientemente coherentes al considerar que Israel es un país pequeño en términos geográficos, económicos y de población.
El hecho de que los acontecimientos en este pequeño Israel de hoy en día hallen eco en todo el mundo, debería llevarnos a considerar lo que fue el origen de la cadena de acontecimientos que ha llevado a esta peculiar situación. Para entender esto tenemos que ir a las primeras páginas del libro del Génesis en la Biblia, donde hace unos 4000 años un individuo solitario y sin importancia partió en un viaje de campamento sin fin, que dio lugar a que se convirtiera en un hombre renombrado en todo el mundo hoy en día. Lo cual es bastante notable, pero la comprensión de esta historia tiene implicaciones que van más allá de la causa y efecto del simple hecho histórico. El ‘Libro’ dice que el patrón de esta historia afectaría al resultado de tu destino eterno y el mío. Con solo una remota posibilidad de la certeza de este hecho, deberíamos, entonces, haber prestado atención.
Imagen relacionadaEste antiguo hombre en cuestión es Abraham (también referido como Abram). El relato en la Biblia es tan antiguo que no hay muchas evidencias externas para refutar o confirmar los hechos. Pero sí existen algunos indicios. Entre las 17.000 tablillas de Ebla (ciudad al Norte de Siria) descubiertas entre 1975 y 1976, fechadas hace 4200 años, se habla de Sodoma, Gomorra, Adma, Zeboim, y Zoar como “ciudades de la llanura”, los mismos nombres y frases descriptivas utilizadas en Génesis 13:2 y Génesis 14:2, que son los lugares donde Abraham hizo sus ‘campamentos’. Así que tenemos razones preliminares para tomar estos reportes seriamente.

La promesa a Abraham

El relato bíblico de Abraham comienza con Dios haciéndole las siguientes promesas:
»Haré de ti una nación grande, te bendeciré, haré famoso tu nombre y serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan; por medio de ti serán bendecidas todas las familias de la tierra.” (Génesis 12: 2-3) NVI

 … cumpliéndose que el nombre de Abraham sería Grande.

Actualmente, la mayoría de nosotros se pregunta si hay un Dios y si realmente se reveló a través de la Biblia o no. ¡Y aquí tenemos ante nosotros esta promesa!, promesa que se puede verificar. El relato muestra a Dios prometiendo directamente a Abraham que “hará famoso su nombre’. Nos encontramos en el siglo 21 y vemos que el nombre de Abraham/Abram es uno de los nombres históricos más reconocidos a nivel mundial. Esta promesa se ha hecho literal, histórica y su realidad es totalmente verificable. La copia más antigua del Génesis es la de los Rollos del Mar Muerto que datan del 200 al 100 A.C. Esto significa que esta promesa ha sido escrita desde entonces. Sin embargo, en aquel entonces la persona y el nombre de Abraham no eran muy conocidos, de hecho solo una minoría de los judíos que seguían la Torá lo conocían. Así podemos ver que el cumplimiento se ha comprobado como real después de que fuera escrito. 

… por medio de su gran nación

Lo que también sorprende es que Abraham no hizo nada realmente digno de resaltar en su vida, o el tipo de cosas que normalmente hace que el nombre de una persona sea “grande”. No escribió nada extraordinario (como la Ilíada de Homero o la Odisea), no gobernó un imperio (como los faraones de Egipto), no condujo a un ejército con impresionantes campañas militares (como Aníbal o Alejandro Magno), tampoco inventó nada. No hizo nada excepto acampar y engendrar linajes. Si usted hubiera sido un apostador viviendo en los días de Abraham, habría apostado por los reyes, generales, guerreros, o los poetas de la corte creyendo que ellos sí serían nombres grandes en la historia. Pero sus nombres están olvidados, mientras que el hombre que apenas logró tener algunos hijos en el desierto es muy conocido en todo el mundo. Su nombre es grande solo porque la nación que él engendró mantuvo su historia viva, y así los individuos y las naciones que provienen de él se hicieron grandes. Esto es exactamente lo que se le prometió en Génesis 12 (“Haré de ti una nación grande… haré famoso tu nombre”). No hay nadie más en toda la historia que fuera tan grande tan solo por los descendientes que dejó, más que por los logros que realizó en su vida.

Aguas de vida

Miró sus manos resecas. Estaba sentada junto al fuego en aquellos pocos minutos con que ella cuenta diariamente para meditar y leer su Biblia. Esas manos envejecidas por el trajín diario le hicieron recordar sus “mejores tiempos”.
Aquellos días de vitalidad y belleza que el tiempo y las malas decisiones le habían arrebatado. Tiempos de vida abundante. Años atrás sus manos eran hermosas, pero también era hermosa su alma. Hoy,... todo había cambiado.
La aridez de sus malos días la estaba consumiendo. Sus manos no eran más que el reflejo en su realidad actual. Con amargura y apatía cerro su Biblia y no volvió a leerla.
¿Has tenido días parecidos a éste? ¿Días en los que añoras volver a tiempo atrás, volver a aquellos momentos de dicha, de vigor?
Resultado de imagen de aguas de vida eternaEn días de sequedad la oración no parece tener fervor ni aliciente alguno. Es como un rezo aprendido, parece una obligación, parece un hastío. Crees que Dios no tiene intención de hablarte o responder, y el entorno simplemente fastidia el corazón.

Son los tristes días de sequedad espiritual; ¡Todos los hemos tenido! Pero tus malos días no durarán para siempre, y tu sequedad ¡tampoco lo hará!
Solo un poquito más de resistencia y saca fuerzas de debilidad para poder clamar como lo hizo el rey David en el Salmo 63:
Mi alma tiene sed de ti.. Mi alma te anhela. Salmo 63;1
Su Palabra indica que seremos como árboles plantados junto a corrientes de agua. ¡Hay tanta vida esperándonos...!
Salmo 1:3 “Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo y su hoja no cae, y todo lo que hace, prosperará“.

¡Párate junto al Agua de Vida!