“Hace mucho tiempo, Dios habló muchas veces y de distintas maneras a nuestros antepasados, por medio de los profetas. Y ahora, en estos últimos días, nos ha hablado por medio de su Hijo.”
Hebreos 1.1-2
Hebreos 1.1-2
Un hombre de montaña solía decir, “Si crees que lo sabes todo, es difícil que aprendas algo.”
Todos tenemos nuestra manera de pensar, maneras arraigadas en nosotros desde el nacimiento. De hecho, desarrollamos verdaderas autopistas neurológicas propias, que nos dificultan aún más pensar diferente.
Pero el pensar diferente, creer en nuevas cosas y aprender de ellas, requiere intención y acción de nuestra parte.
El libro de Hebreos fue escrito por un grupo de gente que tenía arraigadas unas profundas maneras de pensar y de creer. Tenían miles de años de experiencia de generaciones anteriores y cientos de años de tradiciones que definían como eran.
El libro de Hebreos fue escrito por un grupo de gente que tenía arraigadas unas profundas maneras de pensar y de creer. Tenían miles de años de experiencia de generaciones anteriores y cientos de años de tradiciones que definían como eran.
Pero Jesús redefinió mucho de eso, y en el libro de Hebreos leemos muchas explicaciones y enseñanzas sobre cómo se entremezcla y entiende todo. Algunas personas pudieron aprender y reestructurar sus paradigmas, pero otros no. Los que pensaron, “ya lo sé todo” se perdieron el regalo más grande, una relación sin obstáculos con su Creador.