La revista Scientific American publicó un artículo en el que se consideraba qué tipo de futuro podía esperar la humanidad. Entre las preocupaciones por los brotes del virus del ébola, del holocausto nuclear y de la manipulación de los genes humanos, estaba la pregunta “¿tiene la humanidad un futuro más allá de la Tierra?” Después de evaluar potenciales ambientes en otros lugares del sistema solar, un cosmólogo y astrofísico británico llegó a la conclusión de que la emigración en masa de nuestro planeta sería un “espejismo peligroso”.
Pero, irónicamente, vale la pena considerar la misma pregunta desde un punto de vista espiritual. La Biblia describe también un destino para los habitantes del mundo: un cielo nuevo y una Tierra nueva. Pero, a diferencia del espacio exterior, será un ambiente perfectamente adecuado para nosotros.
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Génesis 1-2 Durante el relato de la creación, Dios dijo: “Haya…” o simplemente “Sea …” y todo lo que Él dispuso llegó a existir. Pero esto cambió en Génesis 1.26, cuando dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza”. Luego, en el capítulo 2, descubrimos que Dios “formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida”, e hizo a Eva de la costilla de Adán (Génesis 2.7, 22).
Solo en la creación de Dios, la humanidad recibió tal atención personal, práctica y directa. Adán y Eva no solo fueron creados a imagen de Dios, diseñados y formados personalmente por Él, sino que, además, se les dio autoridad sobre todos los animales y se les confió el cultivo y la conservación del huerto. La humanidad fue la cúspide de la creación de Dios.