Pero en mi angustia, clamé al Señor; sí, oré a mi Dios para pedirle ayuda. Él me oyó desde su santuario; mi clamor llegó a sus oídos. Salmos 18:6 NTV.
Y las decisiones que tomamos ante un conflicto determinan nuestro futuro, ya que cada una de ellas siempre acarrea consecuencias. O bien nos ayudarán a superar el conflicto con éxito o quizá nos lleven a cometer un nuevo error, con las consecuencias del caso.
David, al ser perseguido por el Rey Saúl, se encontraba en un estado muy crítico, y él expresaba sus emociones de esta manera: “Me rodearon ligaduras de muerte, Y torrentes de perversidad me atemorizaron. Ligaduras del Seol me rodearon, Me tendieron lazos de muerte.” Salmos 18:4-5 ¿Conoces esta situación?
Aunque David se encontraba angustiado en extremo, supo que debía acudir a Dios. Él sabía que respondería a su dolor, y así fue; dicen los versículos 16-19: “Envió desde lo alto; me tomó, Me sacó de las muchas aguas. Me libró de mi poderoso enemigo, Y de los que me aborrecían; pues eran más fuertes que yo. Me asaltaron en el día de mi quebranto, Mas Jehová fue mi apoyo. Me sacó a lugar espacioso; Me libró, porque se agradó de mí.”
¡Cuánta paz debió tener este varón cuando experimentó que Dios lo había librado del mal. Su confianza tuvo recompensa, él pidió ayuda y el auxilio no se hizo esperar.