Pero con más frecuencia, la palabra salvación se refiere a una eterna liberación espiritual. Cuando Pablo le dijo al carcelero de Filipos lo que debía hacer para ser salvo, se estaba refiriendo al destino eterno del carcelero (Hechos 16:30-31). Jesús iguala el ser salvo con la entrada al reino de Dios (Mateo 19:24-25).
Nuestro objetivo como Iglesia es llevar a la gente a la fe en Jesús e integrarla en la familia de Dios. Y que nuestro carácter se parezca al de Cristo, glorificando a Dios y sirviendo en toda buena obra.
lunes, 13 de enero de 2014
¿Qué es la salvación? ¿Qué es la doctrina cristiana de la salvación? - Preguntas y respuestas bíblicas
Pero con más frecuencia, la palabra salvación se refiere a una eterna liberación espiritual. Cuando Pablo le dijo al carcelero de Filipos lo que debía hacer para ser salvo, se estaba refiriendo al destino eterno del carcelero (Hechos 16:30-31). Jesús iguala el ser salvo con la entrada al reino de Dios (Mateo 19:24-25).
Cristiano, ten verdadera pasión por lo que haces
“…YO HAGO UNA GRAN OBRA…” (Nehemías 6:3 RVR1960)
La pasión es el punto de partida para cualquier logro. Nunca ha habido nadie que lograse algo significativo sin tener y poner pasión en ello, puesto que esa es la energía que impulsa las ilusiones. Pero el camino al éxito está repleto de contratiempos, problemas y desilusiones, y si no estás lo suficientemente decidido, tus sueños pueden morir con aquellos. De hecho, hay días en los que el contador del depósito de tu pasión marca cero, y en esos días te es necesario recordar que lo primero que Dios te dio fue un anhelo; vuelve a Él y pídele fuerza para seguir avanzando hacia ese objetivo.
La pasión de Nehemías era reconstruir los muros de Jerusalén. Por eso cuando sus enemigos intentaron distraerle y desanimarle, respondió: “…Yo hago una gran obra, y no puedo ir…” (Nehemías 6:3 RVR1960).
El salmista escribió: “Tú, Señor, mantienes mi lámpara encendida; tú, Dios mío, iluminas mis tinieblas. Con tu apoyo me lanzaré contra un ejército; contigo, Dios mío, podré saltar murallas” (Salmos 18:28-29 NVI). ¿Quién te da el poder de lanzarte y saltar? ¡Dios! Pero no te puedes quedar sentado, cruzarte de brazos y pensar que Él lo hará todo por ti. Entre la inspiración de tu sueño y su manifestación, vas a tener que sudar mucho. Igual que le ocurre a un padre primerizo, que piensa que es más duro tener o concebir un bebé que cuidarlo. Sin embargo, si tienes pasión por tu sueño, el precio a pagar por él no te detendrá. Te levantarás cada mañana, te apoyarás en la gracia de Dios y darás un paso más hacia aquello para lo que sabes que Dios te puso en esta tierra.
Discípulos De Jesús - Crecimiento personal-espiritual
Por tanto, vayan y hagan discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.”
Principalmente hemos usado la primera frase de este pasaje. Somos rápidos en ir o ser enviados, sin apegarnos realmente al resto del versículo, o sea, la parte que dice “enseñándoles a obedecer lo que Jesús nos ha mandado”.
¿El resultado? Cuando “vamos”, definitivamente sí hacemos discípulos, pero no discípulos verdaderos de Jesús de acuerdo a lo que Él enseñó. Muchas veces hacemos discípulos de nosotros mismos, discípulos de nuestros pastores, discípulos de nuestros padres, discípulos de nuestra política y políticos. Somos buenos en hacer discípulos; cuando la pistola que marca la salida se dispara indicando “IR”, volamos hacia la meta, pero nos olvidamos de la parte más importante que es, deberíamos estar haciendo discípulos de Jesús y solamente de Él.
Detente por un momento antes de “ir” y examina el mensaje que vas a comunicar. De quién habla? ¿De ti? De alguien más? ¿De Jesús? Asegurémonos de señalar a la gente en dirección a la Esperanza, la cual, por cierto, es Jesús y no el próximo presidente.
Señálales hacia Jesús, hacia lo que Él hizo y hacia las cosas que enseñó. El hacer discípulos de Jesús funcionará aún mejor que el hacer discípulos de uno mismo.
El guardián de tu tesoro
Una anécdota que me contó una amiga, me enseñó algo muy importante. Su niño de cinco años hace poco le dijo muy entusiasmado:
-Mamá encontré algo, ¡somos ricos! Ella le preguntó:
-¿Qué es? ¿Oro? El niño le respondió:
Muchas veces nosotros también tenemos algo valioso que consideramos más importante que cualquier otra cosa. ¿Dónde está nuestro tesoro? Tal vez en una persona, en algo material o en una meta por lograr. Mateo 6:21 dice: “Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”.
-Mamá encontré algo, ¡somos ricos! Ella le preguntó:
-¿Qué es? ¿Oro? El niño le respondió:
-¡Mejor que eso, ¡son unos caracoles! Para él eran más valiosos que cualquier otra cosa terrenal.
Por ésta razón nos sentimos desilusionados y decepcionados, cuando creemos que ya nada en esta vida vale la pena y que el mundo está contra nosotros.
Es un buen momento para pensar: ¿dónde está mi tesoro? ¿Qué es lo que me está motivando a hacer así las cosas y a vivir así cada día?
Tal vez tenga una razón equivocada porque todas mis expectativas las puse en algo o en alguien falible.
Mientras no ponga mi corazón en las manos de Dios, no podré lograr mis metas, sacar adelante mi matrimonio, sanar y restaurar mi vida; pues mi tesoro está en la persona y lugar equivocado.
“Pero si le entregas tu corazón y hacia él extiendes las manos, si te apartas del pecado que tienes cometido y en tu morada no das cabida al mal, entonces podrás llevar la frente en alto y mantenerte firme y libre de temor“. Job 11:13-15
Almuerzo con Dios – Meditación
Parábola humana
Un niño pequeño
quería conocer a Dios.
Sabía que
tendría que hacer un largo viaje para llegar hasta donde Él vive, así que guardó en su maleta pastelitos de chocolate y refrescos de fruta y empezó su andadura.
Cuando había
caminado unas horas, se encontró con una mujer anciana.
Estaba sentada en
un banco del parque, sola, contemplando en silencio algunas palomas que
picoteaban migajas de pan que ella les arrojaba.
El niño se sentó
junto a ella y abrió su maleta.
Comenzó a beber
uno de sus refrescos y notó que la anciana le miraba, así que le ofreció
uno de ellos. Ella, agradecida, lo aceptó y le sonrió. Su sonrisa era muy bella,
tanto que el niño quería verla de nuevo, así que le ofreció entonces uno de sus
pastelillos.
De nuevo ella le sonrió. El niño estaba
encantado, y se quedó toda la tarde junto a ella, comiendo y sonriendo, aunque
sin hablar una palabra.
Cuando oscurecía,
el niño se levantó para irse.
Dio algunos pasos,
pero se detuvo; dio vuelta atrás, corrió hacia la anciana y le dio un abrazo.
Ella, después de abrazarle, le dedicó la sonrisa más grande de su vida.
Cuando el niño llegó a su casa, su madre
quedó sorprendida de la cara de felicidad que traía. Entonces le preguntó:
-"Hijo, ¿qué hiciste hoy que te hizo tan feliz?".
El niño le
contestó:"¡Hoy almorcé con Dios!"... Y antes de que su madre reaccionara, añadió:
-"Y ¿sabes? ¡Tiene la sonrisa más
hermosa que nunca he visto!"
Mientras tanto, la
anciana, también radiante de felicidad, regresó a su casa.
Su hijo se
quedó sorprendido de la expresión de paz
que reflejaba en su cara, y le preguntó:
-"Mamá, ¿qué hiciste hoy que te ha puesto tan feliz?“.
La
anciana le contestó:
-"¡Comí
pastelitos de chocolate con Dios, en el
parque!"...
Y antes de
que su hijo respondiera, añadió:
-¿"Y
¿sabes? ¡Es más joven de lo que yo pensaba!" …
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