sábado, 25 de marzo de 2017

¿Una vez salvo, siempre salvo?

¿Una vez que una persona es salva, es siempre salva? Cuando alguien llega a conocer a Cristo como su Salvador, es inducido a una relación con Dios que garantiza una salvación eternamente segura. Numerosos pasajes de la Escritura declaran este hecho:

Resultado de imagen de ¿Una vez salvo, siempre salvo?(a) Romanos 8:30 declara, “Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó”. Este versículo nos dice que desde el momento en que Dios nos escogió, es como si fuéramos glorificados, porque Dios ya lo tiene propuesto en el cielo. No hay nada que impida al creyente ser glorificado un día, porque Dios ya lo ha propuesto en el cielo. Una vez que una persona es justificada, su salvación está garantizada – está tan seguro como si ya estuviera glorificado en el cielo.
(b) En Romanos 8:33-34, Pablo hace dos preguntas cruciales, “¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros”. ¿Quién va a presentar cargos contra los elegidos de Dios? Nadie, porque Cristo es nuestro abogado. ¿Quién va a condenarnos? Nadie, porque Cristo, Aquel que murió por nosotros, es el que condena. Tenemos como nuestro Salvador al abogado y al juez.

Discernimiento: El bisturí que necesitamos

Frente a la multitud de opciones que ofrece la vida en estos tiempos, requerimos de una visión clínica para tomar sabias decisiones.
Imagen relacionadaEl discernimiento es la habilidad de distinguir entre las versiones verdaderas y falsas de la realidad.
Poseer discernimiento es tener una clara percepción, buen juicio, y visión incisiva.
¡Verdaderamente, necesitamos líderes espirituales incisivos! Dicha palabra «incisivo» es muy interesante; la raíz de la misma significa «que corta» o «que penetra» (proviene del latín incidere: incidir). Es precisamente la idea que contiene el término griego del Nuevo Testamento, «discernimiento» (diakrino), que significa separación o distinción. Un líder con discernimiento examina los desafíos y las oportunidades con un bisturí espiritual y mental. Discrimina, sin ser discriminatorio. Juzga, sin ser sentencioso. Separa, sin dividir. 


Ejercer discernimiento es un trabajo delicado. Un líder con discernimiento observa la situación y no se apresura para juzgar, pero es suficientemente audaz como para separar, a la hora de evaluar, la realidad de la percepción. Un buen líder entiende que las percepciones son importantes, y que debe utilizarlas, pero sabe que lo que en realidad pesa es la verdad. Resulta tentador pensar que el liderazgo espiritual es algo subjetivo, en especial cuando hoy en día percibimos que existen distintas «verdades» de una situación dada (hasta «verdades» aparentemente contradictorias). No obstante, un cirujano en la sala de operaciones debe cortar con absoluta precisión el tejido correcto; un piloto que vuela por un valle debe distinguir con exactitud el terreno de ese valle; un ingeniero debe escoger el material indicado, que posea la rigidez y flexibilidad precisa para construir un edificio estable... Si el discernimiento incisivo es necesario para cuestiones físicas, cuánto más lo será para cuestiones espirituales.

¿Qué o c
uánto margen de error puede haber en el discernimiento espiritual? Seguramente cometeremos errores, pero nunca deberíamos cometerlos por ser demasiado apresurados u holgazanes a la hora de realizar el trabajo de discernir; trabajo que implica examinar, probar, comparar, consultar y orar. 

Quien confia en el Señor estará protegido

PROVERBIOS 29:25 “El miedo a los hombres es una trampa, pero el que confía en el Señor estará protegido.”
Millones de personas en la actualidad viven bajo las garras del miedo, del temor. Existen tres clases de miedos o temores: (1) Aquel que es natural y al mismo tiempo, nos preserva del peligro; (2) El temor de Dios, que es bueno y nos ayuda a reverenciar al Señor y (3) El temor destructivo, que nos paraliza y hace daño. Esta última clase de temor es el que no proviene de Dios y nos hace daño.

Los temores destructivos pueden ser causados por malas experiencias del pasado o circunstancias extremas. Es como si la persona quedara “marcada” y afectada para siempre. Nuestra sociedad es una sociedad temerosa, y a menos que vivamos del lado de Cristo, no podremos vivir libres de semejante atadura espiritual.
El versículo del principio nos muestra las dos caras de la verdad; los dos caminos que una persona puede tomar son: a) Por un lado, dejarse llevar por sus miedos o temores y vivir atado a ellos, siendo presa de los mismos. Esta persona caminará frustrada e impedida de disfrutar la vida. Por otro lado, b) Aquél que confía en el Señor, le entrega sus temores, y es protegido por Dios.
La única manera de vencer los temores es confiando en el Señor. La fe en Él es el mejor “anti-temor” que existe, pues nos da tranquilidad, paz y seguridad para enfrentar las circunstancias difíciles, y nos ayuda a ser MÁS que victoriosos. Confiar en el Señor nos hace vivir confiados aún en medio de las más severas tormentas de la vida. Ahora bien, temer o confiar es una decisión propia. ¿Tú ya has decidido de qué lado vas a vivir?
VIVO SIN TEMORES EN LA VIDA, PUES ESTOY DEL LADO DE CRISTO
¡Gracias, porque sólo en ti hay verdadera libertad de mis temores! En el Nombre de Cristo Jesús. Amén.

Un ejemplo de arrepentimiento

¡Crea en mí, Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí! Salmo 51: 10
Un ejemplo de arrepentimientoCuando el corazón cede a la influencia del Espíritu de Dios, la conciencia se vivifica y el pecador discierne algo de la profundidad y santidad de la sagrada ley de Dios, fundamento de su gobierno en el cielo y en la tierra. «La verdadera luz, la que ilumina a toda la humanidad, estaba llegando al mundo» (Juan 1: 9, LPH), mostrándonos los más ocultos recovecos del alma, que así nos son puestos de manifiesto. La convicción se posesiona de la mente y del corazón, y el pecador reconoce entonces la justicia del Señor, y siente terror de aparecer su iniquidad e impureza delante del que escudriña los corazones. Ve el amor de Dios, la belleza de la santidad y el gozo de la pureza, y ansía ser purificado y restituido a la comunión con el cielo.
La oración de David después de su caída ilustra la naturaleza del verdadero dolor por el pecado. Su arrepentimiento fue sincero y profundo. No se esforzó por atenuar su culpa, y su oración no fue inspirada por el deseo de escapar al juicio que lo amenazaba. David veía la enormidad de su transgresión y la contaminación de su alma, y aborrecía su pecado. Así que no solo pidió perdón, sino también que su corazón fuera purificado. Deseaba ardientemente el gozo de la santidad y ser restituido a la armonía y la comunión con DIOS.