Hay una fábula que cuenta la historia de un viejo y su nieto que iban camino al pueblo, acompañados de un burro trotando alegremente. Se cruzaron con un grupo de muchachas.
“—Miren eso—dijo una de ellas. Qué par de tontos, tienen burro y van a pie”.
Entonces el viejo le pidió al nieto que se montara en el burro y siguieron su camino. Más adelante pasaron ante un grupo de ancianos que discutían acaloradamente.
“—¡Aquí está la prueba de que tengo razón!—dijo uno de ellos. Ya no se respeta a los mayores, miren a ese niño muy cómodo en el burro y el pobre viejo caminando”. Así que el viejo hizo bajar al niño y se acomodó sobre el burro. Pero no pasó mucho tiempo cuando se toparon con un grupo de mujeres y niños y escucharon otra crítica:
-Qué viejo perezoso y egoísta, él va muy cómodo, mientras al pobre niño no le dan las piernas para seguir el trote del burro.
Así que el viejo le dijo al chico que se acomodara detrás de él, pero no pasó mucho tiempo cuando escucharon a alguien decir:
-“Qué cosa más horrible, miren a esos dos, casi le quiebran la espalda al pobre burro.”
Así que, finalmente el viejo y el muchacho continuaron su viaje cargando al burro.
¿Te has dado cuenta de que hay mucha gente criticona?
La crítica arruinará todas tus relaciones interpersonales. ¿Sabes por qué? Porque a nadie le gusta que le critiquen.
Alguien dijo: “La diferencia entre la crítica constructiva y la destructiva es muy sencilla: La primera es la que uno hace; la segunda es la que le hacen a uno”.