viernes, 17 de enero de 2014

Contagiado de Crítica - Crecimiento personal-espiritual

Hay una fábula que cuenta la historia de un viejo y su nieto que iban camino al pueblo, acompañados de un burro trotando alegremente. Se cruzaron con un grupo de muchachas.
“—Miren eso—dijo una de ellas. Qué par de tontos, tienen burro y van a pie”.
Entonces el viejo le pidió al nieto que se montara en el burro y siguieron su camino. Más adelante pasaron ante un grupo de ancianos que discutían acaloradamente.
“—¡Aquí está la prueba de que tengo razón!—dijo uno de ellos. Ya no se respeta a los mayores, miren a ese niño muy cómodo en el burro y el pobre viejo caminando”. Así que el viejo hizo bajar al niño y se acomodó sobre el burro. Pero no pasó mucho tiempo cuando se toparon con un grupo de mujeres y niños y escucharon otra crítica:
-Qué viejo perezoso y egoísta, él va muy cómodo, mientras al pobre niño no le dan las piernas para seguir el trote del burro.
Así que el viejo le dijo al chico que se acomodara detrás de él, pero no pasó mucho tiempo cuando escucharon a alguien decir:
-“Qué cosa más horrible, miren a esos dos, casi le quiebran la espalda al pobre burro.”
Así que, finalmente el viejo y el muchacho continuaron su viaje cargando al burro.
¿Te has dado cuenta de que hay mucha gente criticona?
La crítica arruinará todas tus relaciones interpersonales. ¿Sabes por qué? Porque a nadie le gusta que le critiquen.
Alguien dijo: “La diferencia entre la crítica constructiva y la destructiva es muy sencilla: La primera es la que uno hace; la segunda es la que le hacen a uno”.

La Barca

Dice la Biblia en Lucas capítulo 5, que Jesús llegó al lago de Genesaret y le pidió la barca a Simón para poder hablar a la gente. Una muchedumbre se agolpaba sobre el Señor y ya no había lugar donde pararse para poder enseñarles.
Cuando hubo terminado de predicar la Palabra, le dijo a Simón que llevara la embarcación aguas adentro y echara las redes para pescar. Una vez más, una de tantas, Simón, quien luego vendría a ser el Pedro que todos conocemos, dio una respuesta algo apresurada y desde la perspectiva de su propia realidad: “toda la noche estuvimos trabajando y no pudimos pescar nada”, contestó. Sin embargo, hizo algo tan osado como su respuesta verbal, “en tu palabra echaré la red”, dijo, y tuvieron que pedir ayuda a la otra embarcación que había quedado en la orilla, para poder sacar la red de tantos peces que había capturado.
Simón y sus compañeros eran pescadores. La pesca era su medio de vida. Por lo tanto, haber estado toda una noche en medio del lago sin haber podido pescar nada, no era precisamente un detalle menor. Era todo un problema.
Este emotivo relato de las Escrituras muestra, al menos, tres denominadores comunes con la realidad que vivimos en nuestros días:
-Cuando salimos a trabajar, a estudiar, a nuestra actividad deportiva o a cumplir con nuestros compromisos ministeriales y/o eclesiásticos, no importa si somos pescadores o no; si vivimos de esa actividad o no. Sea lo que sea que hagamos, salimos mar adentro a echar una red. "Esperanza".
-El segundo denominador común, es que es necesario apartar esa barca de la tierra para poder esperar resultados. Si la embarcación no se adentra en las aguas separándose de la tierra, tal vez haya algún pequeño resultado, pero será poco o nulo. "Emprender acción".
-Y por último, no importa adonde vayamos ni qué hagamos; es imprescindible y necesario ceder el control de nuestra embarcación a quien corresponde: al Señor, toda vez que esa barca es, ni más ni menos, nuestra propia vida. "Cesión control a Dios".

Después de la caída

Es en las pruebas precisamente, cuando descubrimos quienes están o no a nuestro lado, quienes son los verdaderos amigos.
“Después de las caídas, quién queda…” así dice un canto muy querido en nuestras radios cristianas, y apela a que debemos saber que las hay, y algunas son fuertes y otras dolorosas; además, el canto nos invita a que seamos ese amigo dispuesto en todo tiempo, es una exhortación cantada bellísima.
Son en las pruebas precisamente donde descubrimos quienes están a nuestro lado e incluso quienes son los verdaderos amigos.En nuestros tiempos no estamos libres de las pruebas y las caídas. De hecho, en el pasado una frase famosa de San Agustín dice: “Quien no es tentado no es probado y quien no pasa por la prueba no adelanta.” Las pruebas nos perfeccionan, nos pulen, y en ellas nos damos cuenta del material del que estamos hechos. Cuando pasamos por vicisitudes en la vida, pruebas y desiertos, sean provocados por nosotros mismos o bien por segundas personas, es entonces cuando nos damos cuenta de muchas cosas a nuestro alrededor, de muchas cosas que a lo mejor no valoramos suficientemente o descuidamos.
Es en las pruebas precisamente cuando descubrimos quienes están a nuestro lado e incluso quienes son los verdaderos amigos. Una caída no necesariamente es un fracaso o un “fin del mundo”, de hecho muchos han visto un mejor despertar y comenzar en su vida gracias a un trance amargo, sea éste provocado por nosotros mismos o por otras circunstancias.

¿Es necesario el bautismo para la salvación?, ¿Qué es la regeneración bautismal? - Preguntas y respuestas bíblicas

La regeneración bautismal es la creencia de que una persona debe ser bautizada para ser salva. Argumentamos es que el bautismo es un paso importante de obediencia para un cristiano, pero rechazamos firmemente que se requiera el bautismo para la salvación. Creemos firmemente que, todos y cada cristiano deben ser bautizados en agua por inmersión. El bautismo ilustra la identificación del creyente con la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. Romanos 6:3-4 declara, “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en Su muerte? Porque somos sepultados juntamente con Él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.” La acción de ser sumergido en el agua, ilustra el ser sepultado con Cristo. La acción de salir del agua, ilustra la resurrección de Cristo.

Cualquier cosa que se añada a la fe en Jesucristo como requerimiento para la salvación, es una salvación basada en obras. Añadir cualquier cosa al Evangelio, equivale a decir que la muerte de Jesús en la cruz no fue suficiente para comprar nuestra salvación. Decir que debemos ser bautizados para ser salvos, es decir que debemos añadir nuestras propias buenas obras y obediencia a la muerte de Cristo, a fin de hacerlo suficiente para la salvación, cuando realmente sólo la muerte de Jesús pagó nuestros pecados (Romanos 5:8; 2 Corintios 5:21). El pago de Jesús por nuestros pecados es adjudicado a nuestra “cuenta” únicamente por la fe (Juan 3:16; Hechos 16:31; Efesios 2:8-9). Por lo tanto, el bautismo es un paso importante de obediencia después de la salvación, pero no puede ser un requerimiento para la misma.

Sé un Cristiano Verdadero

persona-verdadera-biblia1“…LO REPRENDÍ…, PORQUE ERA DE CONDENAR…” (Gálatas 2:11b)

Una vez, un fabricante conocido le pidió a Will Rogers su impresión sobre sus pianos. Rogers, quien nunca respaldó productos en los que no confiaba, escribió: 

“Estimado Señor: ¡Nunca he tocado en un mejor piano que en el suyo!”. A largo plazo, los beneficios de evitar la hipocresía superan enormemente cualquier nivel de confort a corto plazo. ¿Por qué?: 

(a) Tu vida influencia a otros. Nunca desestimes el efecto que la autenticidad tiene en tu familia, en tus compañeros de trabajo y en tus amigos. Como el mundo trata de “comprimirnos” a todos según su “molde”, una vida de integridad destaca notoriamente. 

(b) La hipocresía destruye tu testimonio. Todos conocemos a personas que no van a la iglesia porque dicen que “todos son unos hipócritas”. ¡Qué triste! Cuando predicamos una cosa y hacemos otra, la gente nos pierde el respeto a nosotros y a Aquél a Quien representamos.
A Pablo nunca se le pudo llamar hipócrita, porque tenía por costumbre “llamar a las cosas por su nombre”. ¿Recuerdas su gran enfrentamiento con Pedro?: “…cuando Pedro vino a Antioquía, lo reprendí…, porque era de condenar… comía con los gentiles; pero… se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión. Y en su simulación participaban… otros judíos… aun Bernabé fue… arrastrado…” (Gálatas 2:11-13). ¡Se requiere mucho coraje para hablar de esa manera!

A lo largo de la historia, los que han sido conocidos por su carácter e integridad, han sido también los más admirados e influyentes. Platón dijo: “El que quiera ser bendecido y feliz, en primer lugar debe ser un defensor de la verdad, porque entonces le creerán”. ¿Quieres inspirar confianza y respeto en todos los que te rodean? ¡Sé verdadero!