Si hay alguien que vive los días festivos de Navidad con alegría e ilusión son los niños. Son fechas envueltas en magia e ilusión para ellos. Viven estos días (verdaderamente, casi todos los días del año) con una alegría en mayúsculas de la que, seguramente, hay mucho que aprender.
Y es una alegría compartida. La comparten con nosotros, nos la regalan a través de su sonrisa, de su risa contagiosa, de su ensimismamiento cuando se juega con ellos, de sus abrazos llenos de ternura, de sus manos que buscan las tuyas. Porque la alegría solo es superlativa cuando se vive con el otro, con la generosidad de compartirla y regalarla.
“…pero quien sea alegre está activo, dispuesto, porque la alegría implica encontrarse pleno de ardor, de entusiasmo, porque se es animoso y gozoso”.
“”Recibir alegría implica reconocer que nuestra armonía podría desvanecerse sin la presencia y la palabra del otro, de la otra; nos da vida. Una alegría no lo es tanto si no hay con quien alegrarse. Por eso nos acompañamos de cuantos procuran lo mejor de y para nosotros mismos, quienes nos ofrecen algo que puede brotar espontaneo, pero que solo con él, con ella, emerge verdaderamente. Nos permiten saborear lo que la vida nos ofrece, nos dan alegría, la que no es propiedad de nadie, que solo destella cuando nos encontramos a su lado”.
En eso los niños son expertos y nosotros podemos aprender de su alegría, observándolos, acompañándolos y sobre todo ¡volviendo a ser niños! Recuperar a nuestro niño, ése que siempre está con nosotros, aunque puede que en algún rincón olvidado…¡Vuelve a él! Los días festivos de Navidad son fechas magníficas para un reencuentro con tu esencia, con la alegría inocente y juguetona que se apellida gratitud, amor, sorpresa.
Una excelente oportunidad de volver a ser niño es… ¿Recuerdas tu noche de Reyes? Tras una noche de nerviosismo, de un cosquilleo juguetón que invade todo el cuerpo, de asombro y admiración al ver llegar a sus Majestades los Reyes Magos de Oriente en sus carrozas de ensueño, rodeados de fantasía, misterio, alegría…; tras una noche en la que esos paquetes envueltos en papeles de colores pasan a un indudable segundo plano, llega el gran día.