En una expedición de caza una familia de cazadores se detuvo para almorzar.
Los niños jugaban a la sombra de un árbol, distantes de sus padres y del resto de los adultos del grupo. De repente, el padre de uno de ellos dio un respingo y gritó a su hijo: “Échate al suelo” y éste lo hizo inmediatamente.

Causó asombro la respuesta instantánea del chico ante la orden del padre. Este último explicó el amor permanente que disfrutaban y que cada vez era mayor, tomando como base importante la verdad que había en cada uno.
El muchacho no vaciló ante la orden de su padre, confió en él y respondió en consecuencia a ello. El padre también esperaba que ese fuera el proceder de su hijo.
El reposo que ambos disfrutaron más tarde, ese mismo día, fue un paralelismo del descanso perdurable que Dios tiene para cada uno de sus hijos, a medida que aprendemos a confiar en Él.