En el Antiguo Testamento vemos que Dios quiso establecer un pacto con el pueblo de Israel. Quería bendecir a este pueblo y glorificarse por medio de ellos. Como todo pueblo y toda nación en este mundo, Israel necesitaba estructura y orden. Una de las formas como Dios proveyó esto fue estableciendo lo que hoy conocemos como los Diez Mandamientos.
Durante tres días Dios ordenó a Moisés preparar al pueblo, porque quería descender sobre ellos y establecer su pacto. Cuando el pueblo estuvo listo para estar en su presencia, Dios se manifestó en forma de fuego. Dice el capítulo 19 de Éxodo que el monte entero estaba cubierto de humo y temblaba violentamente.
El pueblo, asustado, estaba abajo del monte con Moisés y Aarón frente a ellos, esperando escuchar lo que Dios iba a decir. Ese día, Dios estableció la lista de reglas que hoy conocemos como los Diez Mandamientos. Dios también los escribió en dos tablas y se las dio a Moisés.
Los diez mandamientos tratan de la relación entre Dios y el pueblo y de las relaciones interpersonales. En ellos, Dios establece las bases para la adoración, la conducta del individuo en todas las áreas de su vida y la justicia.
La historia de los acontecimientos de ese día en el Monte Sinaí empieza en Éxodo 19. Los Diez Mandamientos se encuentran en Éxodo 20, y los capítulos 21 al 23 proveen más detalles, junto con otras leyes, sobre los requisitos de Dios para Israel.