En la vida hay diversas manos que me han tocado: las de mis padres, que con mucho amor me han abrigado y cuidado. Las de doctores, maestros y amigos que en ocasiones específicas han causado un gran toque en mí. Pero sin duda, me atrevo a decir que el toque de la mano de Dios ha sido el más significativo, porque me salvó envolviéndome en su gracia sublime y divina. Porque transformó mis espinas en rosas.
Y si aún no has experimentado en tu vida, el toque de sus manos salvadoras, ¿a qué esperas para hacerlo? Él te espera ansioso y emocionado para envolverte con su abrazo y darte nueva vida.
Y si aún no has experimentado en tu vida, el toque de sus manos salvadoras, ¿a qué esperas para hacerlo? Él te espera ansioso y emocionado para envolverte con su abrazo y darte nueva vida.