viernes, 20 de enero de 2017

El ejemplo de Daniel

Una de las cosas que necesitamos para no pecar es tener dominio propio, que consiste en tener la fuerza de voluntad necesaria para decir que no a las cosas que no nos convienen y que desagradan a Dios.
daniel bible
Unos de los mejores ejemplos en la biblia está representado por Daniel, nombre cuyo significado y también su premisa es "Dios es mi justicia", y sus amigos Ananías que significa (Dios es misericordioso), Misael (¿Quién como Dios?), y Azarías (fuerza de Dios), a los cuales les cambiaron el nombre como muestra de que iban a iniciar una nueva vida, la de ser servidores del rey Nabucodonosor, para que dejaran atrás sus costumbres y creencias.
Muchas veces, las personas que nos rodean nos cambian los nombres o nos ponen apodos, por lo general con un significado un tanto burlesco, y porque de alguna manera quieren influenciar de manera negativa en nuestra vida. Cuando suceda esto renunciemos a esas palabras, y creamos en lo que Dios puede hacer en cada uno de nosotros y no hacer los planes que el mundo y las personas quieren que tengamos. A veces nuestra familia o amigos quieren, con un pretendido buen fin, que se lleven a cabos esos planes en nuestra vida, pero tal vez esos planes no te agraden o tengas cosas que no ayuden en tu vida como cristiano. Lo importante es que, estemos donde estemos, no nos dejemos contaminar por las cosas que el mundo nos ofrece, y eso no quiere decir que nos tengamos que aislar de las personas que no conocen de Dios, al contrario, porque Dios ha depositado su gracia en nosotros para impactar la vida de los demás, para que también lo conozcan.

El tema central de la Biblia

«Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es». 1 Juan 3: 2

Como medio de educación, ninguna parte de la Biblia tiene tanto valor como las biografías narradas. Cada una difiere de todas las demás porque todas son absolutamente fieles a la realidad, y es imposible que una mente finita comprenda con exactitud lo que comprende otra mente. Solamente Aquel que lee el corazón, que conoce los motivos y las acciones, puede describir con absoluta fidelidad el carácter, o presentar un resumen fiel de una vida humana. Solo en la Palabra de Dios encontramos tal fidelidad.
EL TEMA CENTRAL DE LA BIBLIANo hay verdad tan claramente enseñada por la Biblia como la de que lo que hacemos es consecuencia de lo que somos. En gran parte, los incidentes de la vida son el fruto de nuestros propios pensamientos y acciones. 
El tema central de la Biblia, el tema alrededor del cual giran todos los demás, es el plan de salvación, la restauración de la imagen de Dios en todo ser humano. Desde la primera insinuación de esperanza que se hizo en la sentencia pronunciada en el Edén, hasta la gloriosa promesa del Apocalipsis: «Verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes» (Apocalipsis 22:4), el propósito de cada libro y de cada pasaje de la Biblia es el desarrollo de este maravilloso tema: la restauración del ser humano con el poder de Dios, «que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo» (1 Corintios 15: 57).
El que capta este pensamiento, tiene ante sí un campo infinito de estudio. Tiene la llave que le abrirá todos los tesoros de la Palabra de Dios.
La ciencia de la redención es la ciencia de las ciencias; la ciencia que constituye el motivo de estudio de los ángeles y todos los seres inteligentes de los mundos no caídos; la ciencia que ocupa la atención de nuestro Señor y Salvador; la ciencia que penetra en el propósito ideado en la mente del Ser Infinito, «que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos» (Romanos 16:25); la ciencia que será el estudio de los redimidos de Dios durante siglos sin fin. Este es el estudio más elevado que puede emprender el ser humano. Fortalece la mente y eleva el alma como ningún otro estudio podría hacerlo. En la palabra de Dios está la energía creadora que trajo a la existencia a los mundos. Esta palabra imparte poder, engendra vida. Cada orden conlleva una promesa; aceptada por la voluntad, recibida en el alma, que trae consigo la vida del Ser infinito. Transforma la naturaleza y vuelve a crear el alma a imagen de Dios.

No es el Tamaño del Problema, sino cómo Manejo el Problema

El 1 de marzo de 1997, Greg estaba en Bossier City, Louisiana, adonde había viajado desde su casa de Kentucky para asistir a mi conferencia de dos días sobre liderazgo.
Cuando la conferencia concluyó, abordó un avión y se dirigió a St. Louis en la primera etapa del viaje de regreso a su casa, pensando con entusiasmo en la forma de poner en acción el adiestramiento sobre liderazgo que había recibido.
Cuando llegó al aeropuerto de St. Louis para tomar su conexión a Lexington, se sorprendió al descubrir que su vuelo estaba retrasado debido al mal tiempo en Kentucky. Cuando la demora se transformó en la cancelación del vuelo, Greg tuvo que quedarse a pasar la noche en St. Louis. En realidad, no le dio mucha importancia al percance. Estaba acostumbrado a viajar y sabía que tales situaciones suelen presentarse. A la mañana siguiente, tomó el primer vuelo que lo sacó de St. Louis.
Resultado de imagen de No es el Tamaño del Problema, sino cómo Manejo el ProblemaSolo cuando aterrizó en Lexington se dio cuenta de la magnitud del problema causado por el mal tiempo.
Mientras conducía desde el aeropuerto rumbo al norte, hacia Cynthiana, empezó a ver los efectos de la lluvia torrencial que había hecho que su vuelo fuera cancelado. Cuando supo que el río Licking, que pasaba por Cynthiana se había desbordado, empezó a preocuparse por su tienda. Se fue directamente hacia allí, esperando encontrarse con que todo estaba bien. La distancia de treinta millas se le hicieron una eternidad.
Cuando finalmente llegó, encontró que toda el área estaba inundada. A doscientos metros de su tienda, pudo ver únicamente el techo y el letrero: PAYLESS FOOD CENTER. El resto estaba bajo el agua.
Desmoralizado, se dirigió a su casa, pero ni siquiera se pudo acercar.
Durante tres días vivió con su hermana en Lexington, esperando que el nivel del agua bajara y pensando qué podría hacer. Llamó a su agente de seguros para descubrir que las cosas se pondrían peor. Tenía todos los seguros imaginables, menos el de inundación. El seguro no le servía de nada.
Entre esto y aquello, transcurrieron cinco días hasta que pudo entrar a la tienda. Cuando abrió las puertas, se encontró con una devastación total.

Valles de bendición

Si mal viene sobre nosotros, o espada de castigo, o pestilencia, o hambre, nos presentaremos delante de esta Casa, y delante de ti (porque tu nombre está en esta Casa); clamaremos a ti a causa de nuestras tribulaciones, y tú nos oirás y salvarás. 2 Crónicas 20:9
El artista, pintor- escultor, francés Henri Matisse sentía que su labor de los últimos años de su vida lo representaba mejor que ninguna otra. En ese tiempo, ensayó un nuevo estilo, creando pinturas coloridas y de gran tamaño hechas con papel en vez de pintura. Y decoró las paredes de su habitación con esas imágenes relucientes. Para él fue importante porque le habían diagnosticado cáncer y solía estar confinado en su cama.
Enfermarse, perder el empleo o atravesar situaciones angustiosas son ejemplos de lo que algunos denominan «estar en el valle», donde los temores empañan todo lo demás. El pueblo de Judá experimentó algo así cuando supo que se acercaba un ejército (2 Crónicas 20:2-3). Su rey oró: «Si mal viniere sobre nosotros, […] clamaremos a ti, y tú nos oirás y salvarás» (verso 9). Y Dios respondió: «salid mañana contra ellos, porque el Señor estará con vosotros» (verso 17).
Cuando el ejército de Judá llegó al campo de batalla, sus enemigos ya se habían matado entre ellos. El pueblo de Dios pasó tres días recogiendo las armas, la ropa y las cosas de valor abandonadas. Antes de marcharse, se reunieron para alabar a Dios y llamaron aquel lugar el valle de «Beraca», que significa «bendición».
El Señor puede convertir los pozos de nuestra vida en bendiciones.

Señor, ayúdame a confiar en ti en las dificultades.
Dios es experto en convertir las cargas en bendiciones.