La primera vez que chuté una pelota a portería, fue gol. ¡Exitazo! ¡Un crack del fútbol en ciernes! Fue durante mi primera hora de Educación Física en la escuela elemental. Pero hubo un pequeño detalle: que yo no tenía muy claro hacia qué portería debía chutar. Gol en contra.
Recuerdo que tomé el balón por mi cuenta desde el medio campo, y comencé a correr en medio del griterío de los demás niños. Unos festejando, otros, criticándome. Pero no me importaba. Era completamente ajeno al detalle, nada menor por cierto, de que los que festejaban no eran precisamente los que tenían que festejar … era una jugada negativa, diría yo. Lo blanco era en realidad negro, y lo negro, blanco.
A pesar de las desesperadas advertencias del portero “-¡Déjala!, ¡déjalaaaa!”, coloqué la pelota en el ángulo inferior izquierdo con precisión y maestría. ¡Y entre risas y llantos salí festejando! ¡Había hecho un golazo!
Hasta que pasado el momento de euforia inicial, vinieron las “suaves” explicaciones de mis compañeritos: “-¡TIENES QUE CHUTAR PARA EL OTRO LADO!”... Esto es lo que se llama "una verdadera metedura de pata”. Aún recuerdo las carcajadas desaforadas, burlonas y sin disimulo alguno de la profesora de educación física.