domingo, 29 de marzo de 2015

Una canción de amor



Aún recuerdo los días de ayer
cuando el frío me envolvía,
cubierto de dolor y hastío.
Imágenes sombrías que alimentaban mi agonía,
la incertidumbre al ignorar la razón de mi existir.
Mi corazón agonizante sin tu amor.
Mi alma seca en el desierto por ti esperaba.

Aún recuerdo aquel día,
cuando tus huellas teñidas de sangre me llevaron hacia ti.
Cuando en tus brazos mi ser cobró vida
y tu gracia me envolvió.

Aún recuerdo aquel día,
cuando tus palabras irrumpieron en medio de mi silencio.
Cuando tu mirada apacible abrazó mi corazón,
mis preguntas se desvanecieron en el mar de tu amor.

Aún recuerdo aquel día,
en el que ya no quedaron palabras,
y rendido a tus pies mis lágrimas brotaron,
 cuando tu gracia envolvió mi humanidad,
y tu sonrisa revivió mis sueños.

Aún recuerdo aquel día,
cuando tus labios pronunciaron mi nombre
y me dibujaste en tu mano, Salvador.

Aún recuerdo aquel día,
cuando recostado en tu pecho
escuché los latidos de tu corazón.

Aún recuerdo aquel día
en el que mi alma entonó una canción para ti.

Esperaré aquel día
cuando entre nubes te pueda encontrar,
y la dulzura de tus ojos pueda contemplar,
cuando mi alma en libertad pueda volar
y un cántico nuevo pueda entonar.

Entre tanto,
mientras tu aliento en mi ser repose,
escucharás cada mañana
una canción de amor para ti.

Exploradores

Una vez, un grupo de tres hombres se perdió en la montaña, y tenían solo una fruta para alimentar a los tres, quienes casi desfallecían de hambre. Se les apareció entonces Dios, y les dijo que probaría su sabiduría y que dependiendo de lo que demostraran les salvaría.
Les preguntó qué podían pedirle para arreglar aquel problema y que todos se alimentaran.
El primero dijo: “Pues que aparezca más comida.” Dios contestó que era una respuesta sin sabiduría, pues no se debe pedir a Dios que aparezca mágicamente la solución a los problemas, sino trabajar con lo que se tiene y para lo que se quiere.
Entonces dijo el segundo: “Pues haz que la fruta sea más grande para que sea suficiente.” A lo que Dios contestó que no, que la solución no es pedir siempre la multiplicación de lo que se tiene para arreglar el problema, pues el ser humano nunca queda satisfecho y por ende, nunca sería suficiente.
El tercero dijo entonces: “Mi buen Dios, aunque tenemos hambre y somos orgullosos, haznos pequeños a nosotros para que la fruta nos alcance.” Dios dijo: “Has contestado bien, pues cuando el hombre se hace humilde y se empequeñece delante de mis ojos, verá la prosperidad.”

¿Qué dice el sacramento católico de la Sagrada Eucaristía?

Para los católicos, la Sagrada Eucaristía, dentro de la Misa Católica, es considerada la más alta e importante forma de oración. De hecho, atender a la Misa es una obligación, bajo pena de pecado mortal, cada domingo y en otros ciertos días santos obligatorios. La Misa está dividida en dos secciones, la Liturgia de la Palabra y la Liturgia de la Eucaristía. La Liturgia de la Palabra consiste en dos lecturas (una del Antiguo y otra del Nuevo Testamento), el Salmo Responsorio, la lectura del Evangelio, la homilía (o sermón), e intercesiones generales (también llamadas peticiones).

El centro de la Misa está en su segunda parte, la Liturgia de la Sagrada Eucaristía. Durante este tiempo, los católicos comparten el cuerpo y la sangre de Jesús en la forma del pan y el vino distribuido a la congregación. De acuerdo con la Biblia, esto se hace en memoria de Cristo (1 Corintios 11:23-25; Lucas 22:18-20 y Mateo 26:26.28). Sin embargo, de acuerdo con el Catecismo de la Iglesia Católica, “La Eucaristía es un sacrificio porque representa el sacrificio de la cruz, porque es su memorial y porque aplica su fruto.” 

El sacrificio de Cristo y el sacrificio de la Sagrada Eucaristía son un solo sacrificio: “La víctima es una y la misma; ella misma ahora se ofrece a través del ministerio de los sacerdotes, entonces se ofrece a sí mismo en la cruz; solo la manera de ofrecerse es diferente.” “ Y puesto que en este sacrificio divino que es celebrado en la Misa, el mismo Cristo, quien se ofreció a sí mismo una vez de manera sangrienta en el altar de la cruz, es contenido y ofrecido en una manera incruenta... este sacrificio es verdaderamente propiciatorio.”


Pero ya en el libro de Malaquías, el profeta predice la eliminación del antiguo sistema de sacrificio y la institución de uno nuevo: “...Yo no tengo complacencia en vosotros, dice Jehová de los ejércitos, ni de vuestra mano aceptaré ofrenda. Porque desde donde el sol nace hasta donde se pone, es grande mi nombre entre las naciones; y en todo lugar se ofrece a mi nombre incienso y ofrenda limpia, porque grande es mi nombre entre las naciones, dice Jehová de los ejércitos.” (Malaquías 1:10-11). Esto significa que Dios será un día glorificado entre los gentiles, quienes harán ofrendas puras a Él en todos los lugares. Los católicos ven esto como la Eucaristía. Sin embargo, el apóstol Pablo muestra un enfoque diferente de ello: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.” (Romanos 12:1). Para el catolicismo la Eucaristía solo puede ser ofrecida en lugares especiales: en las iglesias consagradas y bendecidas de acuerdo a la Ley Canónica Católica. Pero la idea de ofrecer nuestros cuerpos como sacrificios vivos encaja perfectamente con el lenguaje de la profecía, la cual dice que los sacrificios serán ofrecidos “en todo lugar”.

sábado, 28 de marzo de 2015

¿Qué significa pedir en el nombre de Jesús?

Una consulta dice así: ¿Cometo algún error cuando al orar, sin querer me hallo dirigiendo mi oración a Jesucristo y no al Padre? Cuando me pasa esto me entra la duda sobre si mi oración será oída. ¿Qué significa pedir en el nombre de Jesús? Puesto que la Biblia dice que Jesús es el camino, la verdad y la vida y que nadie viene al Padre sino por Jesús, ¿es malo dirigir la oración a Jesús? Esta parte me tiene confundido. No sé de qué manera empezar mi oración y quién me la recibe. ¿Se pondrá Dios celoso si dirijo mi oración a Jesús y no a Él? Pero por otro lado, ¿No son el Padre y el Hijo la misma persona?
Es muy bueno estar interesado en orar conforme a lo que la Biblia enseña. 
La Biblia muestra que la oración debe ser dirigida al Padre en el nombre del Hijo y en el poder del Espíritu Santo.
Note lo que dijo Jesús en Juan 14:13-14 “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.”
Ahí está. La oración debe ser dirigida al Padre en el nombre del Hijo. Pero, ¿qué significa pedir en el nombre del Hijo? Esto no es simplemente decir: En el nombre de Jesús, antes de pronunciar el amén al final de la oración.
Pedir en el nombre de Jesús significa decir al Padre: Esto que estoy pidiendo es lo mismo que te pediría el Hijo. Esto que te estoy pidiendo es para que tu nombre sea glorificado, así como tu Hijo glorifica tu nombre. Esto que te estoy pidiendo es por los méritos de tu Hijo, porque yo no tengo ningún mérito para que sea escuchado y contestes mi pedido. Aquí es, precisamente ahora, donde "entra en juego" la persona del Espíritu Santo.
Es el Espíritu Santo quien nos guía a pedir conforme a los deseos de Cristo Jesús. También es el Espíritu Santo quien intercede a nuestro favor en la oración. Romanos 8:26 dice: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.”

¿Pedir o no pedir?

“Porque todo aquel que pide, recibe” Mateo 7:8
Hace poco, alguien me hizo un comentario muy interesante.
A esa amiga, mientras impartía su clase en un seminario bíblico, uno de sus alumnos le hizo la siguiente pregunta: ¿No es contradictorio que en unos pasajes se nos motiva a orar por nuestras necesidades y en otros nos dice que no nos preocupemos, que Dios suplirá?
Mi amiga me recordaba algunos versículos que hablan del pedir, como el famoso capítulo 7, versículo 7 del evangelio según Mateo: “Pedid y se os dará…”, y en Juan 14:13-14: “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pedís en mi nombre, yo lo haré”. En Mateo capítulo 6 el Señor Jesús anima a sus discípulos a no angustiarse por el vestido o por la comida: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. Mateo 6.33
El comentario entonces, fue el siguiente: “Si un hermano en necesidad, que tiene hambre, está sin trabajo, no tiene con que vestirse, ¿debo decirle que busque el Reino de Dios primero?, ¿que se dedique a ORAR por las cosas espirituales y mandarlo a su casa de esta manera? ¿Él no puede ORAR por comida pues Dios se la dará, y lo mando a su casa con hambre? ¿Qué se debe de hacer en este caso? ¿Es malo entonces, pedir por las cosas materiales?...
Sin entrar en análisis o interpretaciones profundas, pero sí reflexionando acerca de lo que nos dice la Biblia tomándola como un todo, vamos a ir un poquito más allá de la típica respuesta: “es que a Dios le gusta que le pidamos”.
Aparte de la exhortación categórica y directa del Apóstol Pablo en su primera epístola a Timoteo en el capítulo 2, hay una oración en la Palabra que tiene dos características muy especiales. Una, por quien la realiza y segundo, porque está considerada la oración por excelencia. El Padre Nuestro.
Veamos pues, en el evangelio de Mateo:
“Vosotros, pues, oraréis así:

9 Padre nuestro que estás en los cielos,
Santificado sea tu nombre.
10 Venga tu reino.
Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.
11 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.
12 Perdónanos nuestras deudas
Como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.
13 No nos metas en tentación,
Sino líbranos del mal,
Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria,
Por todos los siglos. Amén” Mateo 6:9-13

 ¡Hermosa oración! Comienza con una alabanza reconociendo la divinidad del Padre, pero el versículo 10 no es otra cosa que una petición; El versículo 11 una petición por el pan diario; El versículo 12 una petición por perdón; el 13 una petición para ser librados de la tentación y el final del versículo 13 concluye explicando el por qué de esas peticiones: “¡porque de Él es el Reino, el poder y la gloria por todos los siglos!”

Vivir No Duele

Tan definitivo como todo lo simple. Nuestro dolor no viene de las cosas vividas, sino de las cosas soñadas y que no se cumplieron.
¿Por qué sufrimos tanto por amor? Lo normal sería que la gente no sufra, en todo caso agradecer por haber conocido una persona tan bella, que generó en nosotros un intenso sentimiento y que nos hizo compañía por un tiempo razonable, un tiempo feliz.
Crecimiento
¿Pero por qué sufrimos?
Porque no tenemos en cuenta lo que disfrutamos y comenzamos a sufrir por nuestros proyectos irrealizados; por las ciudades que nos hubiera gustado conocer al lado de nuestro amor y no conocimos, por los hijos que nos hubiera gustado tener juntos y no tuvimos, por todos los espectáculos, libros y silencios que nos hubiera gustado haber compartido y no compartimos. Por todos los besos anulados...
Sufrimos no porque nuestro trabajo sea estresante y poco remunerado, sino por todas las horas libres que dejamos de tener para ir al cine, para conversar con un amigo, para nadar, o para... enamorar.
Sufrimos no porque nuestra madre es impaciente con nosotros, sino por todos los momentos perdidos en que podríamos estar haciéndole confidencias, nuestras más profundas angustias, y ella estuviese interesada en comprendernos.
Sufrimos, no porque nuestro equipo perdió sino por la euforia perdida.
Sufrimos no porque envejecemos, sino porque el futuro nos está siendo confiscado, impidiendo que mil aventuras nos sucedan, aquellas con las cuales soñamos y nunca las llegamos a tener.

Y se llamará su nombre… Emanuel

Hay “misterios” bíblicos que nunca podremos entender completamente. Éste es uno de esos misterios en esta serie. Lo encontramos en el versículo 23, del capítulo uno de Mateo que dice:
¡La virgen concebirá un niño! Dará a luz un hijo, y lo llamarán Emanuel, que significa “Dios está con nosotros”.
Antes de tratar el misterio, regresemos en el tiempo. En la época en que Isaías fue profeta, el pueblo recibió este anuncio por primera vez (Isaías 7:14). Hasta ese momento los israelitas conocían a un Dios que les identificaba como suyos; sin embargo, para relacionarse con Él tenían que ir a través de una persona, el sacerdote de turno. Dios les hablaba por medio de los profetas. Por decirlo de alguna manera, no era una relación estrictamente personal. Pero Dios les estaba diciendo que eso terminaría un día, el tiempo en el que Dios parecía distante llegaría a su fin… conocerían al Dios Emanuel.
Posiblemente, si te detienes a pensar en esto te deje sin palabras… y por eso se lo puede considerar un misterio. Dios dejó todo para convertirse en “Dios con nosotros”. Mateo está destacando que el nacimiento de aquel niño no era un suceso común y corriente. Se asegura de que sus lectores comprendan que éste es el cumplimiento de una profecía, y además, que no se trata de un ser humano más que nació, se trata de Dios manifestándose entre los seres humanos. Ahora será posible tener una relación directa, personal. ¡Es grandioso e... incomprensible!

Gracias por ser mi amigo

“En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia”.
Proverbios 17:17
No hay nada como un buen amigo, más aún, no existe nada mejor que un amigo en Cristo. Tener un amigo que hable tu mismo idioma, el de Cristo, que tenga las mismas ganas de leer la biblia y compartir un versículo contigo.
No existe nada como un buen amigo que te comprenda, aliente y te diga: ¡vamos!, tú eres hija de Dios, ¡continuemos! Tener un amigo así es una hermosa bendición, no es comparable a nada en este mundo.
¿Te imaginas un día lluvioso y no tener paraguas, o tener hambre y no tener un poco de pan?, pues el verdadero amigo es como el paraguas y el pan, ya que ambos son oportunos.
Si encuentras un amigo así, riega esta hermosa amistad día a día, no la descuides. Además, hoy en día la tecnología nos ayuda mucho; usémosla para darle toda la gloria a Dios; por ejemplo, podemos comunicarnos con ese amigo por teléfono, móvil, mensajes de texto, facebook, twitter, correo electrónico, etc.

viernes, 27 de marzo de 2015

Nunca Olvides de donde fuiste Liberado

¿Creer la verdad de Dios o la mentira del Diablo?
Sofía estaba muy asustada  Me comentó que últimamente se estaba sintiendo prisionera de sus pensamientos, pues la semana anterior, un hombre drogado, portando una pistola, había entrado a su tienda y la había asaltado. Después de hacer la denuncia correspondiente, la policía dio con el ladrón. Pero ahora tenía un nuevo problema: tres amigos del agresor, entre ellos uno que años atrás había estado preso por homicidio, la molestaban todo el tiempo, la amenazaban con que si no retiraba la denuncia le harían daño a ella y a su familia; esto la tenia muy aterrada y no dejaba de pensar lo peor. 
Entonces, me pareció una buena oportunidad para hablarle de Jesús, sobre sus verdades, y su promesa de enviar sus ángeles a quienes confían en él. Sofía se veía muy receptiva, y comenzamos a tener largas charlas en las cuales iba aprendiendo con entusiasmo, todo lo que yo le enseñaba acerca del Señor, hasta que llegó el momento en que me pidió que la guiara con la oración de salvación para aceptarlo como su Salvador. Según me dijo, al instante de hacerla recibió mucha paz, que desde ese momento comenzó a orar varias veces al día, y que sentía en su espíritu, que Dios le hablaba y le decía que no temiera ya a nada ni a nadie, pues Él la amaba y la estaba protegiendo. 

Durante los días siguientes pasábamos mucho tiempo hablando del Evangelio. Ella tenía una gran necesidad de aprender sobre las verdades eternas, y se compró una Biblia, comenzó a leerla y cada duda que tenía sobre algún pasaje me la planteaba; entonces yo, como es obvio, apasionado del tema, con gusto le explicaba lo que sabía. Al final la citaron para declarar contra el agresor, a quien mas tarde el juez sentenció a varios años de prisión; también en ese tiempo, sus amenazantes amigos dejaron de molestarla. Y gracias a Dios, la vida de Sofia poco a 
poco regresó a la normalidad. Luego, por motivos vinculados directamente con mi trabajo, tuve que volver a mi pueblo natal ubicado al este del país. Con algo de tristeza, nos despedimos en la tienda, no sin antes recordarle que buscara una iglesia cristiana para congregarse, un lugar donde rodearse de verdaderos creyentes que la sostuvieran cuando estuviera débil en la fe.

Unos meses más tarde...